Chile dio un paso clave en la conservación marina al anunciar la expansión de dos de sus principales parques nacionales oceánicos. La medida, revelada durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos en Niza, eleva al 54% el porcentaje de sus aguas jurisdiccionales bajo protección ecológica.
El Parque Nacional Mar de Juan Fernández y el Parque Nazca-Desventuradas verán ampliados sus límites para incluir zonas vulnerables dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que actualmente carecen de resguardo ambiental.
Estas áreas no solo son hábitats de especies endémicas y migratorias, sino también zonas clave de reproducción y alimentación de peces como el atún y el jurel. Su conservación es fundamental para mantener el equilibrio ecológico y sostener actividades pesqueras responsables.
El gobierno chileno comenzará el proceso formal de evaluación para concretar la expansión, un avance impulsado por la ciencia, el compromiso local y la urgencia climática.

Una iniciativa nacida en el corazón del océano
La propuesta de ampliar las áreas protegidas no fue impuesta desde la capital, sino que brotó desde las propias comunidades isleñas. Los habitantes de Juan Fernández y de las Islas Desventuradas llevan décadas promoviendo prácticas de pesca sustentable, reconociendo desde generaciones pasadas la fragilidad de su ecosistema marino.
Este proceso contó con instancias participativas, saberes tradicionales y respaldo técnico. El objetivo fue claro: completar la figura de conservación en todo el mar que rodea los archipiélagos y sumar un corredor biológico entre ambas áreas.
Gracias al Tratado de Alta Mar impulsado por Naciones Unidas, que permite resguardar zonas fuera de las aguas nacionales, se abren nuevas posibilidades para conectar y expandir la protección oceánica más allá de los límites convencionales.
Legado comunitario y desafío global
Chile se posicionó como referente regional en conservación marina. El trabajo articulado entre gobiernos sucesivos y la comunidad pesquera local muestra que la protección del mar no solo es posible, sino deseable.
Los pescadores artesanales de Juan Fernández fueron pioneros en implementar medidas como tallas mínimas y vedas voluntarias, mucho antes de que existiera una legislación nacional. Hoy, ese legado se convierte en política de Estado.
El desafío hacia adelante será garantizar que esta expansión no quede solo en el papel. Hacen falta recursos, monitoreo, gobernanza y continuidad para que este modelo pueda sostenerse y replicarse. Chile demuestra que cuidar el océano no es solo preservar un paisaje: es defender una forma de vida y un futuro sostenible.

Las especies marinas que Chile busca resguardar
Con la ampliación de las áreas marinas protegidas en Juan Fernández y Nazca-Desventuradas, Chile apunta a salvaguardar una diversidad única de especies. Entre las más emblemáticas se encuentran el lobo fino de dos pelos, endémico del archipiélago, y los tiburones mako, clave en el equilibrio de las cadenas tróficas oceánicas.
También se incluyen especies altamente migratorias como el atún y el jurel, fundamentales para la pesca nacional, y organismos en estado larval como la langosta de Juan Fernández, cuyo ciclo reproductivo depende del buen estado de estos ecosistemas.
Además, estas aguas son zonas de paso y reproducción de una gran variedad de aves marinas, cetáceos y peces pelágicos, todos dependientes de hábitats saludables para su supervivencia. Proteger estos espacios es garantizar que la vida marina continúe siendo parte esencial del patrimonio natural chileno.



