El vínculo entre el deterioro ambiental y la pobreza ya no es teórico: está medido. El nuevo Índice de Pobreza Multidimensional Global (IPM) 2025, elaborado por la Universidad de Oxford y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, confirma que ocho de cada diez personas que viven en condiciones precarias están expuestas a riesgos climáticos extremos como olas de calor, sequías, inundaciones o contaminación del aire.
El estudio analiza por primera vez cómo se superponen las carencias básicas —salud, educación, vivienda— con los efectos del cambio climático, en un contexto donde los ecosistemas se degradan más rápido de lo que las comunidades vulnerables pueden adaptarse.
Los investigadores advierten que la mayoría de estas poblaciones, además de enfrentar privaciones materiales, carecen de redes de protección social, lo que amplifica los efectos de los desastres naturales. Así, la pobreza multidimensional no solo implica menos recursos, sino una exposición directa a fenómenos que pueden destruir hogares, cultivos y modos de vida enteros.

Pobreza ambiental: cuando las amenazas se multiplican
De acuerdo con el informe, 651 millones de personas sufren simultáneamente al menos dos amenazas ambientales, y más de 300 millones enfrentan tres o cuatro de ellas. Asia del Sur y África Subsahariana son las regiones más afectadas, con 380 y 344 millones de personas vulnerables respectivamente. En el sur asiático, el 99% de quienes viven en pobreza extrema están expuestos a uno o más riesgos climáticos.
La pobreza multidimensional no se mide solo por ingresos: incluye la falta de educación, salud y servicios esenciales como agua, saneamiento o energía. Cuando estas carencias coinciden con la degradación ambiental, la posibilidad de progreso se desvanece. Los datos anticipan que los países más pobres serán también los más golpeados por el aumento de temperaturas y fenómenos extremos hacia fin de siglo.
En América Latina, los niveles son más bajos, aunque persisten desigualdades territoriales. En Argentina, el índice nacional alcanza apenas 0,4%, con mayores valores en el noreste y noroeste. Las principales privaciones se vinculan con condiciones de vivienda y acceso a servicios básicos.
Revertir la pobreza ambiental: políticas con mirada ecológica
Superar la pobreza multidimensional requiere más que asistencia económica. Las estrategias deben integrar el factor ambiental como eje central de desarrollo. Los especialistas proponen fortalecer la resiliencia de las comunidades mediante energías limpias, agricultura sostenible y planificación urbana verde.
Una de las claves es invertir en infraestructura ecológica: sistemas de captación de agua, techos solares y transporte público sustentable. Estas medidas reducen costos, crean empleo local y disminuyen la dependencia de combustibles fósiles, a la vez que mejoran la calidad de vida.
El financiamiento climático también juega un papel decisivo. Los fondos internacionales destinados a adaptación y mitigación deben priorizar a las regiones más pobres y expuestas, impulsando proyectos que integren soluciones ambientales con beneficios sociales.

Hacia un desarrollo sostenible e inclusivo
Los expertos insisten en que la erradicación de la pobreza y la acción climática no son objetivos separados, sino complementarios. Reforestar cuencas, proteger suelos, restaurar humedales y promover la educación ambiental puede reducir riesgos a futuro y generar oportunidades sostenibles.
Iniciativas de economía circular y empleos verdes en sectores como la gestión de residuos, las energías renovables o la bioconstrucción ofrecen salidas concretas para comunidades vulnerables. Estas políticas permiten generar ingresos, reducir emisiones y fortalecer la autonomía local.
En última instancia, revertir la pobreza multidimensional implica construir resiliencia frente al cambio climático. No se trata solo de aliviar carencias actuales, sino de evitar que las próximas generaciones hereden un planeta desigual y degradado. La transición ecológica, si se orienta con justicia social, puede ser la herramienta más poderosa para romper el círculo de pobreza y vulnerabilidad que hoy define el mapa del mundo.



