La industria de la fast fashion (moda rápida) produce cada año alrededor de 150.000 millones de prendas, según el Foro Económico Mundial. De ellas, 92 millones de toneladas terminan desechadas, lo que equivale a un camión de basura lleno de ropa cada segundo.
Gran parte de estos residuos se exportan al Sur Global, donde países como Ghana se han convertido en vertederos textiles. Allí, cada semana llegan unos 15 millones de prendas usadas provenientes de Europa, Asia y Medio Oriente.
Ghana: vertedero de la moda rápida
En Ghana, la ropa desechada es conocida como obroni wawu (“ropa del hombre blanco muerto” en akan). Aunque durante décadas este comercio generó empleo y acceso a ropa asequible, el modelo colapsó:
- El valor por kilogramo de las exportaciones desde Reino Unido cayó un 15% en la última década.
- El 40% de las prendas que llegan semanalmente son inutilizables.
- Solo en el mercado de Kantamanto (Accra) se generan 100 toneladas de desechos diarios, de las cuales apenas 30 pueden procesarse. El resto termina en basureros clandestinos, desagües, lagunas y humedales.
Humedales protegidos bajo amenaza
La investigación de Unearthed y Greenpeace África documentó acumulaciones de ropa de marcas como Zara, H&M, Primark y Marks & Spencer en el Delta del Densu, un humedal reconocido como Sitio Ramsar de importancia internacional.
Este ecosistema alberga:
- 60 especies de aves acuáticas.
- Zonas de anidación de tortugas marinas en peligro de extinción.
La invasión de residuos textiles afecta también a las comunidades pesqueras: las prendas se enredan en las redes y los microplásticos liberados por fibras sintéticas contaminan el agua, poniendo en riesgo la cadena alimentaria y la salud humana.

Un modelo insostenible
La crisis refleja el impacto del modelo global de producción y consumo:
- La producción de ropa se duplicó desde el año 2000.
- Los países exportadores, como Reino Unido, enviaron en 2024 más de 57.000 toneladas de ropa usada a Ghana.
- Los Emiratos Árabes Unidos funcionan como centro de reexportación.
En Latinoamérica, Chile y Guatemala son los principales importadores de ropa usada, ya que no aplican aranceles ni restricciones. Chile recibe unas 60.000 toneladas al año, de las cuales 40.000 terminan desechadas en el desierto de Atacama.
Consecuencias ambientales y sociales
La acumulación de ropa en humedales y ecosistemas frágiles genera:
- Contaminación por microplásticos.
- Pérdida de biodiversidad.
- Riesgos para la salud humana por bioacumulación de tóxicos.
- Impacto económico en comunidades pesqueras y comerciantes locales.
Hacia un consumo responsable
Greenpeace advierte que la moda rápida está fuera de control y llama a repensar el consumo. La reivindicación de la moda como expresión personal debe pasar por el consumo responsable y el cuidado del planeta.
La crisis de Ghana y otros países del Sur Global es un recordatorio de que la moda no termina en las vidrieras: sus residuos tienen consecuencias globales que afectan ecosistemas, comunidades y la salud de millones de personas.



