En el paisaje del Parque Nacional Yellowstone, los bisontes juegan un papel transformador en los pastizales. Un estudio reciente revela que estos grandes herbívoros, al moverse libremente, enriquecen el suelo sin dañarlo, mejorando la calidad del forraje y manteniendo el carbono del suelo intacto.
El rol de los bisontes en la mejora del pasto
Contrario a la creencia popular, las manadas de bisontes no devastan el terreno. En su hábitat natural, permiten un aumento del 150% en la proteína bruta de las plantas. Este incremento se debe a un ciclo acelerado de nitrógeno, facilitado por la actividad microbiana del suelo y el constante pastoreo.
El estudio, liderado por Chris Geremia y su equipo, abarcó el periodo de 2015 a 2022, analizando 16 áreas de pastizal. Utilizando parcelas cercadas, compararon zonas excluidas con aquellas de libre pastoreo, midiendo la vegetación, el carbono y los nutrientes en los suelos.
Los hallazgos subrayan que las áreas de pastoreo intensivo no solo mantienen la productividad, sino que también retienen el carbono del suelo. Esta “fábrica verde” produce un pasto más nutritivo, esencial para los herbívoros que dependen de él durante el invierno.
El movimiento constante de las manadas crea un mosaico de hábitats. En algunas zonas, el pasto es corto y denso, rico en nitrógeno, mientras que en otras, crece alto y acumula biomasa. Esta diversidad favorece la biodiversidad vegetal y animal, proporcionando refugios y microhábitats.
Históricamente, Yellowstone ha sido un refugio continuo para los bisontes. Aunque la población se redujo drásticamente a inicios del siglo XX, hoy ha recuperado números significativos. Recientemente, se determinó que los bisontes de Yellowstone forman una sola población genética, lo que fortalece su adaptación y supervivencia.
Además de su valor ecológico, los bisontes tienen un profundo significado cultural para las naciones indígenas de Norteamérica. Iniciativas como el Programa de Conservación y Transferencia de Bisontes buscan restaurar estas conexiones culturales y ecológicas, beneficiando a las comunidades locales.
En un contexto de cambio climático, el caso de Yellowstone ofrece lecciones vitales. Los bisontes, al facilitar el reciclaje de nutrientes y crear hábitats diversos, actúan como un “seguro ecológico” frente a climas extremos. Esto resalta la importancia de permitir que los grandes herbívoros migren y completen sus ciclos naturales.
El estudio sobre los bisontes de Yellowstone fue publicado en la revista Science.



