El Orangután de Borneo, en peligro por la deforestación

El orangután es uno de los animales más inteligentes de la selva, pero también del mundo; es igualmente uno de los primos más cercanos del Hombre. No vive, en estado natural, más que en los bosques de Borneo y Sumatra, en Indonesia y Malasia.
 

El orangután es enteramente dependiente de la selva. Especie arborícola, toda su vida se desarrolla en las alturas. Existen dos especies de orangután, ambas amenazadas gravemente de extinción: el orangután de Borneo, clasificado como especie ‘en peligro’ y el orangután de Sumatra, clasificado ‘en peligro crítico’, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).
 
Trágicamente, muchos miles de orangutanes desaparecen cada año. No quedan hoy más que entre 40 000 y a lo mucho 50 000 orangutanes en Borneo y menos de 7300 sur Sumatra, y la disminución de sus poblaciones ha sido fulgurante; por ejemplo, el número de orangutanes de Sumatra cayó más de 91% desde 1900. Así pues, si medidas de protección categóricas no son puestas en acción de manera inmediata, se calcula que el orangután, que se apaga a una velocidad aproximada de 5000 ejemplares fallecidos por año, habrá desaparecido del estado salvaje como máximo en el año 2022, aunque las estimaciones menos optimistas ponen en duda que alcance el 2014.
 
Hoy en día, la principal amenaza que pesa sobre él es la deforestación, perpetrada por corporaciones multinacionales para la monocultura de la palma de aceite muy particularmente. El último refugio del orangután es diezmado, hectárea tras hectárea, a un ritmo de trescientos estadios de fútbol cada hora, con el único objetivo de instalar plantaciones industriales de palmas de aceite.
 
Pero las amenazas hacia los orangutanes no se limitan a eso, son múltiples. Muchos de ellos resultan heridos e incluso muertos en los incendios prendidos para ‘limpiar el bosque’, con el fin de construir miles de hectáreas de plantaciones de palmas de bajo costo.
 
De hecho, algunos plantadores que consideran al orangután como un enemigo para las plantaciones no vacilan en atacarlos y torturarlos cruelmente antes de matarlos. Por supuesto, la reducción global de su hábitat no hace más que intensificar la frecuencia de la caza así como la captura de los individuos jóvenes, más frágiles y fáciles de atrapar, y en especial de los cachorros, muy cotizados y buscados para hacer de ellos mascotas con destinación a dueños particulares, tiendas (para su venta o simplemente como gancho comercial atraer a los clientes), o parques de diversiones para turistas.
 
De cara a todas estas amenazas, acosados, hambrientos, heridos, quemados, mutilados… los orangutanes se ven obligados a huir, pero en condiciones de extremas carencias y hacia hábitats mucho menos favorables para su supervivencia, en los que la subsistencia de ésta última de todas maneras sólo es una cuestión de tiempo.
 
El resultado de esta falsa fuga es el aumento de la tasa de mortandad en los jóvenes y una natalidad menor en las hembras.

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