
culebra de herradura
La expansión de la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) en las Islas Baleares se ha convertido en una de las mayores amenazas para la fauna local.
Introducida accidentalmente desde la Península Ibérica junto a olivos ornamentales, esta especie invasora ha colonizado gran parte de Ibiza y Formentera, provocando el declive de las lagartijas autóctonas, especialmente la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis)**, exclusiva del archipiélago y ahora en peligro de extinción.
La llegada de la culebra de herradura está ligada al comercio de grandes olivos ornamentales desde la Península. En 2003 se registró el primer avistamiento en Ibiza, y para 2006 ya había alcanzado Mallorca, llegando a Formentera en 2010.
Estudios oficiales señalan que los reptiles viajaban ocultos en las raíces de los árboles transportados para jardinería.
Incluso se documentaron casos vinculados a empresas de ornamentación en Ibiza, lo que confirma que la introducción no fue casual.
En Baleares, la culebra de herradura actúa como un superdepredador:
En 2024 se documentó por primera vez a una culebra nadando en el mar Balear para alcanzar nuevos islotes, lo que demuestra su capacidad de expansión.
La desaparición de las lagartijas pitiusas implica graves consecuencias:
Su pérdida altera el ecosistema y favorece desequilibrios que afectan tanto a la biodiversidad como a la agricultura local.
El Gobierno balear aprobó restricciones a la importación de árboles en épocas de eclosión de huevos de ofidios, pero estas medidas llegaron tarde.
Desde 2016 se han capturado unas 12.000 serpientes, aunque los expertos consideran que los esfuerzos son insuficientes frente a la magnitud de la invasión.
La culebra de herradura no es la única serpiente introducida en Baleares. También se encuentran:
Aunque ninguna de ellas es peligrosa para el ser humano, todas representan un riesgo para la fauna local. Las víboras venenosas de la Península (aspid, hocicuda y cantábrica) aún no han llegado a las islas.
La invasión de la culebra de herradura en Baleares es un caso paradigmático de cómo las especies exóticas pueden alterar ecosistemas frágiles. La falta de medidas tempranas permitió que este reptil se consolidara como un depredador dominante, poniendo en riesgo la supervivencia de especies únicas como la lagartija pitiusa.
El desafío ahora es contener su expansión y proteger la biodiversidad insular antes de que las pérdidas sean irreversibles.
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