Recientemente, un nuevo pichón de cóndor andino, llamado Samay, nació en el Ecoparque de Buenos Aires.
Esta ave tiene una historia familiar que comenzó hace 15 años como un ejemplo claro de la importancia de la conservación.
La historia de rescate de la madre de Samay
Es que Samay, cuyo nombre significa ‘aliento de vida’, es el tercer hijo de Eluney Wenu, una hembra que fue robada de su nido en 2009 en la provincia de San Luis, cuando apenas tenía plumón.
En su momento, Eluney Wenu llegó a la entonces Reserva Florofaunística La Florida, hoy Centro de Conservación de Vida Silvestre La Florida, sin haber aprendido a volar con sus padres.
La hembra presentaba una herida en el tejido blando del ala derecha.
Esta lesión provocó que algunas plumas primarias y secundarias crecieran giradas hacia afuera, complicando su rehabilitación.
La hembra, cuyo nombre significa «Regalo del Cielo», luego fue transferida al Zoo de Buenos Aires.

Allí, se mantuvo en recintos de aislamiento junto a otros ejemplares rescatados mientras los profesionales evaluaban su comportamiento y esperaban el crecimiento de las plumas secundarias.
Finalmente, Eluney Wenu se recuperó y fue trasladada a la Base de Campo de Pailemán, Río Negro.
Allí, la pusieron junto a otro cóndor macho llamado Quimey en lo que se llama «Jaula Voladora», donde ambos convivieron.
La presencia de ambos ejemplares funciona como elemento de atracción para los jóvenes liberados.
Esto sirve para afianzar la permanencia de ejemplares en la zona de liberación.
Sin embargo, después de la liberación se observó que ‘Eluney Wenu’ no volaba bien.
La herida vieja en su ala impedía el crecimiento de varias plumas primarias, por lo que fue trasladada al Ecoparque de Buenos Aires e ingresada al programa de cría.
Con Samay, ya son tres las nuevas esperanzas para la conservación del cóndor andino
Desde entonces, ‘Eluney Wenu’ puso tres huevos. Los primeros dos fueron machos: Kausarichiq y Karut, que ya vuelan en Pailemán.
Ahora nació la hembra Samay, representando una nueva esperanza para la conservación de esta especie.
‘Samay’ nació casi por completo sola, solo fue asistida al final, como harían sus padres en la naturaleza. Para alimentarla se utilizan títeres que representan al macho y la hembra.
Esta técnica evita que el pichón se acostumbre al ser humano y permite que pueda desarrollarse como un cóndor nacido en silvestría.
El objetivo es que Samay pueda desenvolverse naturalmente en su hábitat.
Si todo sigue bien, Samay se sumará a la bandada de cóndores jóvenes sin experiencia de vuelo para ser liberada en 2026.
Su nombre, «aliento de vida», resume lo que representa: una nueva esperanza para esta especie emblemática de los Andes.
El programa de cría y conservación demuestra que los esfuerzos de rescate y rehabilitación pueden generar resultados positivos a largo plazo, contribuyendo a la supervivencia del cóndor andino en la región.



