Un puente que los salvará de la extinción: Construyen el paso fauna más grande del mundo

El puma P-22 es todo un Rockstar en Los Ángeles, California, al nivel de las grandes estrellas de Hollywood, donde lo conocen como el Brad Pitt de los pumas, por su contribución a la conservación de la vida silvestre, ya que gracias a su popularidad, después de 20 años de estudios, se pudo poner en marcha el proyecto para la construcción del paso de fauna más grande del mundo, que servirá como modelo sustentable para otros países.

La estructura de concreto que comenzó a construirse este viernes 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra, contará con vegetación nativa y un diseño especial con barreras para evitar que los animales sean lampareados o molestados por el ruido de los vehículos, y que por su pigmentación color café podrá fusionarse con el paisaje local y crear un hábitat y refugio para especies protegidas, muchas de ellas, en peligro de extinción.

El Puente Para la Vida Silvestre Wallis Annenberg, que medirá 53 metros de ancho y 64 metros de largo, casi del tamaño de un campo de futbol americano, cruzará por arriba los 10 carriles de la Autopista 101, que data de 1926 y que es una las vías rápidas más congestionadas a nivel global, donde circulan más de 300 mil automóviles al día, que van y vienen de la ciudad de Los Ángeles.

De esta forma, después de 96 años, se volverán a conectar los corredores biológicos de las montañas de Santa Mónica, en beneficio no sólo del puma (puma concolor), que se calcula tiene una población de entre 10 y 15 ejemplares, sino para el resto de la fauna de la zona como el gato montés, coyote, águila real, murciélago californiano, sapo occidental, serpiente gopher, caimán del sur, conejo del desierto y la rana de árbol, entre otros.

En entrevista con Excélsior, Beth Pratt, líder de la campaña #SaveLACougars y directora ejecutiva regional para la Federación Nacional de Vida Silvestre (NFW, por sus siglas en inglés), destacó que hace una década, cuando el puma P-22 cruzó la Autopista 101, tenía apenas dos años de edad y desde entonces decidió que su nuevo hogar estaría del lado de Griffith Park, uno de los parques urbanos más grandes de Norteamérica.

“El caso de P-22 es interesante porque en mi opinión vive en dos mundos, no habita en un lugar propiamente salvaje, porque es un parque que mide ocho millas cuadradas (20.71 kilómetros cuadrados), cuando en realidad un puma requiere de un territorio de entre 100 y 150 millas cuadradas (de 259 a 388 kilómetros cuadrados), pero tampoco está en cautiverio, porque no se encuentra confinado o encerrado en un zoológico”, comentó.

La experta en gestión y antropología biológica reconoció que lamentablemente no todos los pumas han corrido con la misma suerte tratando de llegar al otro lado de la concurrida Autopista 101.

“25 pumas han muerto tratando de cruzar, pero eso son solamente los que nosotros sabemos, en realidad pueden haber muchos más, ésos son los que tenemos registrados en los 20 años que llevamos estudiándolos en la zona y esa cifra podría escalar si lo abrimos a más años, a todo el estado y a todos el país”, lamentó.

Beth Pratt, quien a los 46 años se hizo su primer tatuaje inspirado en el P-22, asegura que el célebre puma, quien lleva un collar de geolocalización para darle seguimiento las 24 horas del día, vive contento y tranquilo con muchos venados como comida, por lo que seguramente no será uno de los animales que disfruten del Puente Para la Vida Silvestre Wallis Annenberg.

Dijo que además es casi imposible que, P-22 viaje hasta el área donde se construye el paso de fauna monumental, ya que se encuentra a una distancia de 30 millas al oeste (48.28 kilómetros), aunque siempre será recordado como la fuerza e inspiración que permitió a las futuras generaciones de pumas sobrevivir en este entorno complicado.

UN PUENTE PARA EL FUTURO

El proyecto concebido a lo largo de dos décadas de estudios ambientales realizados por el National Park Service revelaron la necesidad de restablecer la conectividad para los pumas antes de que desaparezcan de las montañas de Santa Mónica.

La obra monumental de conservación liderada por el arquitecto paisajista Robert Rock y el equipo de Living Habitats, un estudio de diseño que promueve la sustentabilidad, se construirá a lo largo de los próximos tres años, con un costo aproximado de 90 millones de dólares de recursos público-privados, que contó con la destacada aportación de la filántropa estadunidense Wallis Annenberg, de ahí el nombre del puente.

La estructura de concreto será cubierta con casi un acre de vegetación nativa, es decir, más de cuatro mil metros cuadrados de una colección de tierra, plantas, semillas, bellotas y hongos, que se sembrarán en un vivero temporal para después trasplantarse en el área donde crecerán de manera natural.

Además de que se colocarán robles nativos y sauces, y se reforestarán nueve acres de terreno (más de tres mil 600 metros cuadrados)en las dos laderas a un costado de la obra.

De acuerdo con Robert Rock, los trabajos se realizarán durante la noche para tratar de entorpecer lo menos posible el tránsito vehicular, en la ya de por sí conflictiva ciudad de Los Ángeles.

El Puente Para la Vida Silvestre Wallis Annenberg, proveerá el hábitat, alimento y agua que cada especie de animal necesita para subsistir.

Mi equipo está dedicado a crear diseños que no son solamente bonitos, sino sustentables, donde hay mucha ciencia detrás con expertos y estudios rigurosos”, manifestó el arquitecto paisajista.

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