Científicas argentinas crearon un filtro de bambú para eliminar el arsénico del agua

La presencia de arsénico en el agua es uno de los mayores problemas para la salud de los argentinos.

Se estima que al menos 18 de las 23 provincias presentan aguas con este contaminante, en un país donde más de 6 millones de personas no tienen acceso al agua potable de red.

Para hacerle frente, el proyecto Guaduar desarrolló un filtro sustentable reutilizando desechos de cañas de bambú para sanear las aguas de arsénico. El dispositivo, similar a un saquito de té, puede limpiar hasta 8 litros de agua.

Guaduar es un emprendimiento multidisciplinario de las Cátedras de Botánica General y de Química de Biomoléculas de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires en conjunto con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y el Centro de Proyecto, Diseño, y Urbanismo, también de la UBA.

Enemigo invisible
El arsénico es un metaloide tóxico para la salud que entra a nuestras aguas subterráneas naturalmente.

En la Argentina existen al menos 6,4 millones de personas que no tienen acceso al agua potable de red y, en consecuencia, es posible que consuman aguas de pozo con concentraciones de arsénico mayores a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (0,01 mg/L).

La licenciada en Ciencias Ambientales y docente Jacinta Alchouron, explica: “Se cree que la fuente de arsénico es la erosión de vidrio volcánico desde los Andes. Así como esa erosión trajo el depósito sedimentario que le dio a las pampas su riqueza y fertilidad, también erosiono partículas con arsénico”.

El problema es que consumo prolongado de aguas contaminadas es responsable de enfermedades que pueden ir desde lesiones en la piel hasta alteraciones cancerígenas.

Jacinta dice que suelen describirlo como un enemigo invisible: “El arsénico tiene un accionar acumulativo, no tiene color, ni sabor, y apenas se detecta después de años”.

Filtro natural
La doctora en Biología e investigadora del CONICET, Andrea S. Vega, y actual directora de tesis doctoral de Jacinta, realiza estudios interdisciplinarios sobre las posibles aplicaciones de bambúes.

Guadua chacoensis es el nombre científico del bambú que se utiliza en la fabricación del biocarbón que sanea las aguas contaminadas con arsénico.

Las cañas de esta especie leñosa que se talan y no sirven para construcciones no tienen valor comercial para el productor. Hasta ahora, se descartaban, pero tienen una utilidad científica fascinante.

El biocarbón se coloca en un filtro similar a un saquito de cualquier infusión directamente dentro de cualquier botella de agua. Se espera que cada filtro limpie hasta 8 litros de agua.

Según Jacinta, la ventaja de este material es que es muy versátil: “Hay tantos tipos de aguas como los hay de animales, pero frente a una gran ‘diversidad de aguas’ nuestro biocarbón sostuvo esa remoción de casi el 100 % y eso lo posiciona como un material potente”.

La joven científica explica que su búsqueda respecto al saneamiento del agua comenzó cuando, como estudiante de grado, tomó conciencia sobre la gravedad de la problemática.

Hoy, con el proyecto en etapa de desarrollo técnico y con vistas a implementarse a fines de año, comenta: “Me motiva creer que tenemos una oportunidad transformadora que puede efectivamente volcarse en la sociedad y ser una solución”.

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