Identifican las especies de moluscos no nativas presentes en América del Sur

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“Se considera especies no nativas a aquellas que fueron introducidas voluntaria o involuntariamente por la acción humana en hábitats de los que no son originarias. Cabe destacar que no toda especie no nativa es invasora”, apunta el investigador del CONICET Gustavo Darrigran, y desarrolla: “Algunas se quedan localizadas en un ambiente determinado, no son problemáticas, o lo son en menor medida. Se convierten en invasoras cuando se adaptan al nuevo ecosistema, se dispersan en un amplio rango y se configuran como agentes de cambio y amenaza para la biodiversidad nativa. Este impacto negativo trae como factor de preocupación adicional un potencial severo daño económico para la sociedad afectada con la invasión”.

Recientemente el experto, que se desempeña como docente investigador en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y en el Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación en Ciencias Exactas y Naturales (LIIECEyN) del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET-UNLP), encabezó un trabajo que fue publicado en la revista Biological Invasions, en el que en coautoría con otros veintidos importantes malacólogos –como se llama a los especialistas en moluscos, es decir los invertebrados de cuerpo blando como almejas, caracoles y pulpos– de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela logró describir por primera vez cuáles son las especies de moluscos que están presentes en el subcontinente sudamericano sin ser propias del mismo, su origen, punto de ingreso, primeros registros y mapas de distribución, además de puntualizar aquellas que son potenciales invasoras. “Algo así como un libro de cabecera en el tema”, afirma.

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La génesis del trabajo fue un grupo de discusión virtual formado por Darrigran donde los expertos intercambiaron bibliografía (en algunos casos, regional y de difícil adquisición) e informes locales de cada uno de sus países, “algo que hasta ahora no se había hecho en moluscos, y es el primer valor importante del trabajo”. Así, pudieron identificar 86 especies no nativas presentes en 152 de las 189 ecorregiones en las que se divide América del Sur, es decir las áreas geográficamente definidas en la que dominan condiciones ambientales uniformes y se asientan determinados grupos animales y vegetales. “No se les presta nada de atención porque todavía no ocasionaron problemas económicos, pero son potenciales invasoras. Este trabajo aporta material que se configura como la línea de base para que cualquier gobierno encare las políticas necesarias para hacer la prevención y control de la entrada de especies no nativas y evitar posibles invasiones”, subraya Darrigran.

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Entre las especies más problemáticas que se enumeran en la publicación está el mejillón dorado, cuyo primer registro lo hizo el propio Darrigran en 1991 en la costa del Río de la Plata en Berisso, Buenos Aires y que contracorriente a una velocidad de 240 kilómetros por año llegó a toda la Cuenca del Plata y norte de Brasil, cerca de la Cuenca del río Amazonas; el caracol gigante africano, presente en las provincias de Corrientes y Misiones; la ostra del Pacífico, u ostra japonesa, que luego de minar las playas arenosas de la Bahía San Blas, al sudoeste de Buenos Aires, ya está en la costa de Río Negro; y la almeja asiática, que ingresó por el Río de la Plata proveniente del sudeste de Asia, cubrió hasta el Amazonas y alcanzó Venezuela.

La publicación se integra con gráficos que ponen en evidencia cuatro zonas “calientes” de ingreso de especies no nativas al continente, y cada una de ellas coincide con áreas de urbanización importante, es decir grandes ciudades que cuentan con puertos, aeropuertos y otros espacios de fuerte actividad comercial.

El mejillón dorado, el molusco invasor de mayor impacto

“La llegada de especies no nativas es una problemática que explotó a partir de los ’80 por dos factores: la globalización, que activó el comercio internacional a gran escala; y el cambio climático, con ambientes inestables permeables a la acción de las nuevas especies, las que al no encontrar competencia local por el espacio, se apoderan de él”, explica el experto.

Una gran invasión de especie no nativa de moluscos que se registró en Argentina fue en 1991 en la playa berissense Bagliardi, cuando el propio Darrigran encontró cuatro o cinco individuos de mejillón dorado por metro cuadrado adheridos a las piedras de la costa. Un año después ya eran unos 20 mil, y al cabo de cuatro años había franjas que llegaban a 150 mil ejemplares sobre la misma superficie.

Esta especie llegó proveniente del sudeste asiático, en principio desde China, mediante el vector más común: el agua de lastre de los barcos, es decir el líquido que se carga en los puertos de origen para darle peso a esos transportes cuando viajan con sus bodegas vacías y que, al llegar a destino, se descarga. “Se estima que mediante esa vía unas 3 mil especies viajan a diario por el mundo”, apunta.

Al adherirse a toda superficie dura disponible (lo que se conoce como macrofouling) es común que se fije en el interior de caños y filtros de tomas de agua para consumo humano o de canales de riego y en sistemas de refrigeración de centrales eléctricas e industrias. “Detener la producción para sanearlos provoca pérdidas millonarias”, señala Darrigran, dando como ejemplo los casos de grandes represas hidroeléctricas ubicadas sobre el Río Paraná, en las que una parada no programada de la actividad de una de sus Unidades Generadoras de Energía (UGE) provoca un perjuicio de aproximadamente 250 mil dólares diarios. “Limpiar el macrofouling que provoca el mejillón dorado en cada una de las decenas de UGE con las que cuentan estas plantas lleva tres días, lo que ejemplifica claramente el gasto que ocasiona esta invasión”.

Para finalizar, Darrigran destaca que “prevenir las invasiones es mucho más económico y operativo que controlar a la especie invasora ya asentada dentro del territorio. Para ello, detectar las zonas comunes de ingreso de especies no nativas a nivel continental es fundamental y un enorme adelanto para que los gobiernos preocupados por el tema inicien métodos de prevención”, y cierra: “Lograr que los gobernantes se preocupen por las bioinvasiones depende de la sociedad, para lo cual la educación y el conocimiento son fundamentales”.

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