“La huerta escolar es la mejor manera de enseñar biología”

Daniel Loyola

Daniel Loyola pasó treinta años pasó en la docencia y casi el mismo tiempo en el Complejo Gurruchaga, en Rosario, como coordinador de la huerta escolar. Son sus últimos días como docente en actividad, una profesión que ama y aún hoy abraza.

En una entrevista con el diario La Capital, Daniel repasa los recuerdos y anécdotas que acumuló en sus tres décadas en el magisterio. Este año recibió una distinción del gobierno provincial.

El “profe de la huerta” se recibió en ciencias naturales y sus inicios en la docencia fueron en la Escuela Técnica Nº 346 de barrio Godoy, donde también dio sus primeros pasos con un proyecto de huerta. “Todavía no era una huerta orgánica. Pero la escuela está en una zona con mucha inmigración interna de familias de Chaco, Formosa, Corrientes. Entonces el Ministerio pidió un proyecto que los chicos puedan realizar y los vegetales son lo más rápido que pueden ver crecer, porque ponés una semillita y a los siete o diez días, depende la estación, ya tenés la plantita”, explica.

Al poco tiempo comenzó a dar clases en el Complejo Gurruchaga, tanto en la huerta como en los talleres de ciencia que había al mediodía.

La huerta de la Gurru está a unas dos cuadras de la escuela primaria y la secundaria, en Salta al 3100. A mitad de cuadra, sobre un amplio portón, dos carteles con la estética de los fileteados anuncian: “Complejo Gurruchaga” y “Huerta y planta piloto”. En los comienzos, los chicos y chicas que iban a la huerta tenían clases en una pequeña salita ubicada en la parte de adelante del predio, un sitio que hoy funciona como depósito. Sentados en banquitos donados por el Banco Coinag, el profe Daniel arrancaba la jornada escribiendo en el pizarrón las actividades del día y después salían. “Eso —aclara— era para que los padres sepan qué íbamos haciendo, los chicos llevaban un registro de cómo estaba el día, el viento, la temperatura mínima y la máxima. Porque en esto también es muy importante el apoyo de la familia”. Entre sus recuerdos está presente el de esa mamá que un día le llevó un libro de plantas medicinales que había pertenecido a su papá boticario.

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