Centroamérica: los bosques tropicales deforestados aceleran su recuperación

Según los investigadores, este descubrimiento “tiene implicaciones de largo alcance para los proyectos de restauración de bosques orientados a mitigar el calentamiento global”.

“Este es el primer caso concreto que muestra cómo la fijación de nitrógeno por los árboles tropicales afecta directamente la tasa de recuperación de carbono después que los campos agrícolas son abandonados”, aseguró el investigador Jefferson Hall, del STRI.

“Los árboles inician y detienen la fijación de nitrógeno de acuerdo con la necesidad de nitrógeno en el sistema”, agregó el investigador, de acuerdo al comunicado. Hall dirige en un sector de 250 hectáreas en la cuenca del Canal de Panamá, una investigación destinada a averiguar el comportamiento de los bosques tropicales maduros y los árboles nativos en parcelas de pastizales abandonados en proceso de restauración forestal.

En ese lugar, los expertos compararon la tasa de crecimiento de los árboles y de los niveles de nitrógeno en pastizales abandonados hace dos, doce, treinta y ochenta años con árboles que crecieron en los bosques maduros. Las especies de árboles que “fijaron” nitrógeno de la atmósfera acumularon peso en carbono hasta nueve veces más rápido que sus vecinos que no lo fijan en las primeras etapas de la recuperación del bosque, aseguraron los investigadores.

Los fijadores de nitrógeno proporcionaron suficiente fertilizante de nitrógeno en el suelo para facilitar el almacenamiento de 50.000 kilogramos de carbono por hectárea durante los primeros 12 años de crecimiento, agregaron.

Para la autora principal del estudio, Sarah Batterman, la diversidad, en este caso tiene una importancia. “Cada especie de árbol fija nitrógeno y carbono de manera diferente, así que especies importantes a los 12 años desaparecen o se vuelven menos comunes a los 30 años. Realmente se puede ver cómo distintos actores contribuyen al desarrollo de un bosque tropical maduro y a los servicios ambientales que prestan”, afirmó.

En el proyecto, desarrollado en Panamá, colaboraron científicos de las universidades de Princeton, de Yale (EE.UU.), de Wageningen (Holanda), de Copenhague (Dinamarca), y del STRI.

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