Japón acaba de encontrar 7.000 islas que no sabía que poseía

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Lo de los descubrimientos y exploraciones fascinantes no es algo exclusivo de las épocas de Marco Polo, Vasco de Gama o, ya más andado el tiempo, el doctor David Livingstone. Japón acaba de demostrarlo. Y a lo grande, además. De la noche a la mañana sus autoridades han descubierto ni más ni menos que 7.000 islas.

Así, de golpe y porrazo. Siete mil ínsulas que una vez se revisen pasarán a añadirse a los mapas oficiales. Lo más sorprendente no es sin embargo la cifra, por dónde se reparten o cómo las ha localizado. Lo fascinante es que ya estaban ahí, a la espera de que los expertos utilizaran un método lo suficiente preciso para verlas.

Más o menos como un numismático que tiene una colección de monedas y al contarlas por segunda vez, de forma más detallada y prestando mayor atención, se da cuenta de que en realidad en sus álbumes hay… el doble de las que creía.

Suena extraño, pero eso es, groso modo, lo que acaba de hacer la Autoridad de Información Geoespacial de Japón (GSI), que tras un estudio detallado ha llegado a la conclusión de que por el territorio nipón se reparten 14.125 islas, más del doble de las 6.852 que le constaban de forma oficial desde un estudio realizado allá hacia finales de los años 80, en 1987, para ser precisos, por la Guardia Costera.

Un recuento… a lo grande

¿Supone eso que ahora Japón tiene una superficie mayor o que ha visto expandidas sus aguas territoriales? Es poco probable, precisa la agencia de noticias Kyodo, que aclara que el GSI está realizando ajustes para publicar la cifra final.

Ahora Japón simplemente se conoce un poco mejor a sí misma gracias a los avances en tecnología topográfica y mapeo digital. El criterio de tamaño empleado por el GSI para contar las ínsulas es, de hecho, el mismo que el que manejaban los técnicos de hace tres décadas y medias: contar todas aquellas áreas naturales, ya sean islas e islotes, con una circunferencia de al menos 100 metros de largo.

La clave está que entonces la Guardia Costera no disponía de la tecnología necesaria para diferenciar entre lo que eran pequeños grupos de islas e ínsulas individuales de mayor tamaño, con lo que muchas se escaparon a su control. Lo que hacía era enumerar la isla de más de 100 m, dejando fuera del total además todas las que estuvieran localizadas en lagos o en bancos de arena de ríos.

Para su labor el GSI empleó la definición recogida en la Convención de la ONU sobre el Derecho de Mar, que establece que una isla es un “área de tierra formada naturalmente, rodeada de agua, que está sobre el agua durante la marea alta”.

El método de análisis es ahora bastante distinto al de 1987. Los expertos han contado las ínsulas de forma automática echando mano de ordenadores y el mapa terrestre electrónico del GSI. A mayores se cotejó el material con fotografías aéreas anteriores y otros datos para excluir las tierras recuperadas de forma artificial. El examen arrojó 100.000 islas, pero la mayoría no alcanzaban los 100 metros.

Otro factor interesante —como desliza Gizmodo— son las erupciones volcánicas registradas desde los 980 y que han dejado su propia huella en el país. Hace poco, en agosto de 2021, los expertos identificaban por ejemplo un islote de un kilómetro de diámetro y forma de media luna surgido tras la erupción del volcán Fukutoku-Okanoba. Eso sí, los expertos advertían entonces que probablemente duraría solo unos días. A finales de 2013 otro volcán había creado una pequeña isla, bautizada inicialmente “Snoopy”, que acabó fusionándose con la de Nishinoshima.

El registro de las islas japonesas es mucho más que una simple curiosidad geográfica, como lo demuestra que el nuevo recuento se realizó después de que un legislador del Partido Liberal Democrático insistiese en el parlamento, a finales de 2021, de la necesidad de manejar datos actualizados: “Una compresión precisa es un asunto administrativo importante relacionado con el interés nacional”.

Las islas que rodean al país se han visto envueltas en ocasiones en disputas territoriales. Ocurre por ejemplo con las Kuriles del sur, controladas por Rusia y que Tokio considera Territorios del Norte; o con Takeshima y las Senkaku, cuya soberanía y gestión ha provocado tiranteces, respectivamente, con Corea y China.

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