En las montañas del sur de Perú, las comunidades de Puna Ayllu, Ura Ayllu, Cojene-Rotojoni, Puna Laqueque, Huancasayani Cumani y Ñacoreque mantienen vivo un sistema agrícola ancestral que hoy es considerado un ejemplo de conservación ambiental y adaptación al cambio climático.
Ubicados en el distrito de Cuyocuyo, a unas cuatro horas de Juliaca, los históricos andenes modelan las laderas de las montañas y permiten aprovechar diferentes pisos ecológicos. Gracias a este manejo tradicional, la producción de alimentos convive con la protección de ecosistemas de alto valor biológico.
Por ello, estas comunidades fueron distinguidas internacionalmente por su aporte a la conservación de la biodiversidad y por preservar conocimientos heredados de generaciones anteriores que continúan vigentes frente a los desafíos ambientales actuales.

Un corredor biológico entre los Andes y la Amazonía
Los Andenes de Cuyocuyo abarcan más de 11.000 hectáreas en una zona de transición entre el altiplano cercano al Lago Titicaca y la Amazonía. Esta ubicación estratégica favorece una extraordinaria diversidad de especies.
Asimismo, estudios realizados en la región registraron más de 100 especies de aves y una gran variedad de mamíferos, entre ellos el oso andino, el puma, la taruca y el gato andino. Además, los relictos de bosques de queñua y los bofedales aportan refugio y alimento para numerosas especies silvestres.
Por otra parte, la flora local también posee una enorme riqueza. Se identificaron más de un centenar de plantas medicinales utilizadas por las comunidades, algunas de ellas catalogadas en categorías de amenaza y protegidas por acuerdos internacionales de conservación.
Semillas nativas y conocimientos tradicionales frente al cambio climático
La diversidad agrícola constituye otro de los pilares de este paisaje cultural. En diferentes altitudes se cultivan variedades de papas, maíz, oca, olluco y mashua, adaptadas a condiciones ambientales específicas.
Además, las comunidades conservan bancos de semillas nativas que garantizan la disponibilidad de material genético frente a eventos climáticos extremos. Esta estrategia fortalece la seguridad alimentaria y reduce la vulnerabilidad de los cultivos.
Mientras tanto, los productores continúan aplicando conocimientos ancestrales relacionados con calendarios agrícolas, observación de fenómenos naturales y rotación de cultivos. Estas prácticas permiten enfrentar sequías, heladas y cambios en los patrones de lluvia cada vez más frecuentes en la región andina.

Una iniciativa que integra producción y conservación
El reconocimiento internacional recibido por las comunidades de Cuyocuyo demuestra que la conservación puede desarrollarse de manera complementaria con las actividades productivas tradicionales.
Además de proteger especies silvestres y ecosistemas estratégicos, este modelo favorece la preservación de semillas nativas, fortalece la soberanía alimentaria y contribuye al almacenamiento de carbono en ambientes altoandinos.
De igual manera, promueve la transmisión de conocimientos culturales entre generaciones y genera oportunidades para el desarrollo sostenible de las comunidades rurales. En un contexto de creciente presión climática, experiencias como la de Cuyocuyo evidencian que la combinación entre saberes ancestrales y conservación ambiental puede transformarse en una herramienta clave para construir territorios más resilientes.
Un patrimonio vivo para las futuras generaciones
Los andenes construidos antes y durante la expansión inca continúan siendo una pieza fundamental del paisaje de Cuyocuyo. Lejos de convertirse en vestigios del pasado, siguen desempeñando funciones esenciales para la producción, la conservación y la adaptación climática.
Asimismo, el reconocimiento obtenido como Zona de Agrobiodiversidad y posteriormente mediante el Premio Ecuatorial refuerza la importancia de proteger estos sistemas únicos.
Finalmente, la experiencia de las comunidades quechuas demuestra que la relación equilibrada entre naturaleza y cultura puede ofrecer respuestas concretas a los desafíos ambientales del presente, al tiempo que preserva un legado invaluable para las generaciones futuras.



