Los «pilares de luz»: el fenómeno óptico que evoca a las auroras boreales

Existe un fenómeno llamado pilares de luz (a veces también llamados pilares de sol).

Los pilares de luz son un fenómeno en el cual las luces de la superficie terrestre parecen extenderse hacia el cielo en forma de pilares. De ahí su nombre, bastante explicativo.

Como las auroras, los pilares de luz pueden verse con más facilidad en latitudes altas, pero no por la disposición del campo magnético terrestre, sino porque su presencia suele estar condicionada a unas temperaturas frías.

Temperaturas como las que se dieron hace unas semanas en Estocolmo. Una ola de frío a comienzos de mes propició que el cielo nocturno de la capital sueca se iluminara con este curioso fenómeno óptico.

La vinculación entre los pilares de luz y el frío está en el hielo

Este fenómeno atmosférico surge cuando pequeños cristales de hielo en la atmósfera reflejan las luces que emanan de la superficie. Estos pequeños cristales suelen proceder de nubes finas situadas en capas altas de la atmósfera, como los cirrostratos.

Desde edificios hasta farolas, pasando por vehículos, toda fuente de contaminación lumínica puede acabar generando un pilar de luz si se dan las condiciones adecuadas. El fenómeno también puede darse como reflejo de la luz solar cuando el Sol se encuentra en un ángulo adecuado (al amanecer y al anochecer).

Natural o artificial, el efecto es una columna que comparte el color de la luz reflejada

Esto en ocasiones implica un arcoiris de columnas lumínicas alumbrando los cielos urbanos. Una imagen espectral que podría confundirse con eso que ahora llamamos fenómenos aéreos no identificados. Estos, claro es, son fáciles de identificar si conocemos el fenómeno.

Pese a lo espectacular de este evento, también podemos hablar de su reverso oscuro, ya que los pilares de luz son muy a menudo reflejo (nunca mejor dicho) de un fenómeno buen distinto, el de la contaminación lumínica.

Esta forma de contaminación se ha convertido en un incordio multidimensional: no solo afecta a la fauna y a la flora en los entornos urbanos y su periferia, también perjudica a astrónomos, profesionales y aficionados, que quieren observar el espacio.

Hasta el punto de que los expertos se han visto forzados a llevar los grandes telescopios terrestres a lugares remotos como archipiélagos y desiertos. El de la contaminación lumínica no es el único problema al que se enfrentan los astrónomos, pero es sin duda uno que limita considerablemente su trabajo.

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