Panamá blinda más del 50% de su superficie marina

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Panamá, un pequeño país de menos de 4 millones de habitantes que une América Central y América del Sur, acaba de dar un paso gigante en la lucha contra el cambio climático y la protección de la biodiversidad. El Ministerio del Ambiente, en colaboración con el Instituto de investigación de Smithsonian Tropical, ha anunciado la mayor ampliación del Área de Recursos Administrados del Banco Volcán, en el Mar Caribe, un espacio para la protección de la biodiversidad marina. Esta zona incluye nueve cadenas montañosas, con montañas marinas que superan en algunos puntos los 3.000 metros de altura y donde, según los científicos involucrados en el proyecto, habitan al menos 14 especies de mamíferos.

De los 14.000 kilómetros cuadrados, pasará próximamente a 93.390. Así, Panamá blinda un 54,33% de la superficie marina y se convierte en el segundo país del mundo con un porcentaje tan elevado, después de Palaos, en el extremo suroeste de Micronesia. Para Maximiliano Bello, asesor de Políticas Públicas del Mar para Mission Blue, es algo ejemplar: “Es una de las mejores noticias para responder a una crisis triple de contaminación, cambio climático y pérdida de biodiversidad”.

La riqueza del país es vastísima. Panamá es el hogar de aproximadamente el 3,4% de las especies de anfibios del mundo, el 2,3% de sus reptiles y el 9% de las aves conocidas. Sus aguas también esconden 220 especies de peces de agua dulce y 1.157 tipos de peces marinos. Por eso, una medida como esta prioriza los ricos e insustituibles ecosistemas y todo el mundo animal y vegetal que los habita.

El Área de Recursos Administrados de Volcán fue designada originalmente en 2015 para conservar una cordillera volcánica submarina y servir de refugio y zona de migración de varias especies vulnerables como el atún, el dorado y las tortugas. Así como especies en peligro de extinción como ballenas, delfines y tiburones. “La diversidad marina es clave para darle la vuelta a esta crisis mundial”, narra Bello. “Somos muy buenos innovando, sí, pero aún no sabemos cómo crear ecosistemas completos de cero. Por eso tenemos que cuidar los que tenemos”.

“Panamá es un líder en conservación de aguas”, dice Josh Tewksbury, director de Smithsonian Panamá, en relación a la meta de conservar el 30% de la superficie marina para 2030. “Estas medidas pondrán coto a la pesca ilegal y permitirán un manejo mucho más amplio del territorio. Además, es parte de un proceso mucho más ambicioso y regional”, cuenta. “La expansión del Área de Recursos Administrados de Banco Volcán podría ayudar a promover una mayor investigación científica y conocimiento sobre la biodiversidad marina, los patrones de migración, el estado de conservación y los efectos de las actividades humanas, incluido el cambio climático en los ecosistemas marinos de la región”, añade Joaquín Labougle, director regional de Blue Nature Alliance.

Los expertos esperan que la expansión de esta área impulse la Iniciativa Great Sea Flower, que tiene como objetivo crear asociaciones de alto nivel entre seis países del Caribe -Colombia, Costa Rica, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Panamá- en un esfuerzo por proteger los ecosistemas del Caribe meridional. La idea, según Bello, es que ejerza presión sobre otros países: “Les pone una vara altísima. Entre todos, llegamos a un acuerdo en la Convención de Diversidad Biológica, que era importante llegar al 30% de estas, pero, ¿por qué parar ahí?

Aunque la medida es celebrada internacionalmente, las responsabilidades y los retos son infinitos. Inicialmente el desafío fue definir la zona a proteger. La siguiente será el manejo, la vigilancia y el mantenimiento a largo plazo. “No es suficiente pero es fundamental”, explica Tewksbury. “Hay que trabajar en proteger realmente todos los ecosistemas que atesoran las especies. También hay que dar lugar a estructuras regionales, empezando por este grupo de seis y luego ser más ambiciosos y darnos cuenta de que lo que hacemos en Panamá, en ambas costas, es un modelo en el que unamos gobiernos para los que proteger estos escenarios sea una prioridad, así como a las personas que dependen de ellos”.

Entre los desafíos propios de Panamá, Tewksbury no duda: “Formación, formación y formación”. “Panamá y la región necesitan mayores programas de capacitación centrada en la siguiente generación de líderes. La ciencia tiene que venir de la propia nación para ser verdaderamente poderosa. No puedes proteger lo que no conoces o entiendes y Panamá tiene ponerse a ello”.

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