Hallan plásticos de 1990 intactos a 4.000 metros de profundidad

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Durante una expedición científica, un grupo de investigadores descubrió a 4.000 metros de profundidad unos productos plásticos que no mostraban signos de fragmentación o desgaste a pesar de que estaban fechados en la década de los 90.

El mayor problema de los plásticos es, irónicamente, aquella cualidad que lo hace tan versátil y útil: su durabilidad. Esto se debe a que la humanidad todavía está asentada sobre el pilar de la economía lineal, o lo que es lo mismo, la que no da una segunda vida a los productos.

Los plásticos, al ser desechados, terminan en su mayoría en el medio ambiente, donde comienzan a degradarse en trozos más pequeños, pero igual de duraderos, denominados microplásticos. Sin embargo, es posible que los plásticos también puedan conservar su forma original durante décadas si se dan unas condiciones determinadas.

Eso fue lo que descubrió un equipo de científicos alemanes durante una expedición en el 2015 a 815 kilómetros de la costa de Perú. Bajo el paraguas del proyecto DISCOL, el grupo de expertos aró en 1989 una parcela de mar para estudiar los posibles impactos ambientales derivados de una hipotética extracción de nódulos de manganeso.

Esta parcela tenía que ser visitada en 1992, 1996 y en 2015 para estudiar la recuperación del ecosistema de aguas profundas y medir esos impactos. Sin embargo, en la última expedición, los científicos encontraron algo que les asombró.

En aquel fondo marino, a 4.000 metros de profundidad, hallaron una bolsa de plástico intacta que había conservado en su interior una lata de Coca-Cola que formaba parte de una edición especial producida para la Copa Davis 1988.

“La lata de aluminio en sí misma se habría corroído en las profundidades del mar si no estuviera envuelta firmemente dentro de una bolsa de basura de plástico que lo preserva. Esto también indica que la bolsa de basura debe ser de la misma edad “, comentó Matthias Haeckel, gerente de proyecto y coautor del estudio que ha analizado este descubrimiento.

Un segundo artículo recuperado fue una caja de cuajada de un fabricante alemán que no se introdujeron en el país teutón hasta 1990. La dirección impresa muestra un código postal de cinco dígitos ofreció algunas pistas de la edad del plástico.

“Dado que nuestro experimento está lejos de las rutas de envío marítimas, la bolsa de plástico y la caja de cuajada podrían haber acabado ahí porque miembros pasados de esta expedición las desecharon en el ambiente en 1989, 1992 o 1996?, argumentó Matthias Haeckel.

“Lo más sorprendente es que ni la bolsa ni la caja mostraron signos de fragmentación o degradación”, añadió el experto.

Una vez recogidas las muestras, procedieron a investigar la comunidad microbiana que invadía las superficies plásticas y descubrieron que difería de las poblaciones identificadas en los sedimentos del fondo marino circundantes. Esto es importante para el científico porque podría ser una prueba de que las grandes acumulaciones de plástico en el fondo marino podrían cambiar la distribución de microorganismos.

“Afortunadamente, la mentalidad actual dista mucho de la de 1990. Ahora procuramos que es mar no sea un vertedero de plásticos. No obstante, este estudio no deja de demostrar otro de las grandes consecuencias que puede acarrear la contaminación plástica en los océanos”, concluye Matthias Haeckel.

La mayoría de los plásticos que se producen, cerca del 60%, están elaborados a base de polietileno y polipropileno. Esto provoca que tengan una menor densidad que el agua del mar y, por lo tanto, que no se hundan.

Sin embargo, con el paso del tiempo, pueden comenzar su descenso hacia el fondo oceánico por varios motivos. Uno de ellos es la bioincrustación y la fijación de partículas en su superficie que aumentan su peso. Otro motivo es que el plástico puede estar unido a otros productos (como la bolsa y la lata) que precipitan su hundimiento. Los científicos aclaran que las corrientes y los vientos también pueden provocar que estos materiales se hundan.

Cabe destacar que los plásticos se degradan cuando llegan al mar debido a la exposición a la luz solar y a la fuerza de las olas. Si viajan al fondo marítimo, como demuestra este caso, es muy posible que sobrevivan inalterables por largos años.

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