
cajones pesqueros
La aparición de más de 700 cajones pesqueros en las playas de Puerto Madryn expuso nuevamente la fragilidad de los controles sobre los pasivos ambientales de la industria marítima en el Golfo Nuevo. El retiro de 750 recipientes plásticos en dos jornadas por parte de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente municipal dejó en evidencia el contraste entre el hermetismo corporativo y el esfuerzo ciudadano.
El episodio se agrava al comprobar que dos semanas antes ocurrió un incidente similar en la zona sur de la ciudad, donde se retiró más del doble de estos desechos sin sanciones ni explicaciones oficiales.
La primera respuesta provino de vecinos que se metieron al agua para rescatar los cajones antes de que la marea los arrastrara. Shirley, una de las voluntarias, relató: “Cuando levantamos la mirada y vimos que había centenares de cajones, nos dio mucha impotencia”.
El operativo ciudadano se desarrolló frente a Prefectura y al puerto, sin asistencia oficial. La vecina denunció: “Me indignó que nadie haya hecho nada”, y lamentó la falta de solidaridad de los transeúntes que observaban sin colaborar.
Los cajones no eran anónimos: estaban identificados con insignias y marcas comerciales. Incluso se divisaron pallets de madera flotando, lo que sugiere fallas en la manipulación portuaria o en las cubiertas de los buques.
A pesar de las pruebas visuales, la opacidad del circuito pesquero impide que las empresas asuman los costos ambientales. Shirley cuestionó: “Es increíble que a un barco le falten 700 cajones y todavía no hay un responsable”.
La indignación ciudadana también apuntó a la hipocresía social: “Fue indignante ver la cantidad de gente que pasaba y no nos ayudó, y después los ves subiendo videítos con la ballena”.
Más allá de la postal turística, el daño biológico es grave. Los plásticos se fragmentan por el oleaje y terminan en la cadena alimentaria. Shirley advirtió: “Si comés peces, sabés que estás consumiendo plástico”.
La fundación Sin Azul No Hay Verde coincidió con el diagnóstico vecinal. Su coordinador, Juan Coustet, recordó que el proyecto MARES reveló que el 90% de la contaminación plástica en las costas de Chubut proviene de la actividad pesquera.
Coustet exigió sancionar a los responsables y advirtió sobre la contradicción de que la comunidad soporte este pasivo ambiental a pocos kilómetros de Península Valdés, Patrimonio de la Humanidad.
El caso refleja una contradicción: mientras la provincia impulsa la creación de parques y monumentos naturales, la basura pesquera sigue impactando en el suelo chubutense. La ausencia de sanciones efectivas perpetúa la impunidad industrial y convierte las limpiezas municipales en simples parches.
El hallazgo de los 700 cajones pesqueros en Madryn no es un hecho aislado, sino parte de una crisis ambiental que persiste y se agrava. La falta de trazabilidad, sanciones y protocolos operativos convierte cada derrame en un recordatorio de la necesidad urgente de controles estrictos y responsabilidad empresarial.
La ciudadanía demostró compromiso al actuar frente a la inacción estatal, pero el problema solo se resolverá si el Estado avanza en identificar, sancionar y prevenir estos pasivos ambientales que amenazan tanto la biodiversidad como la salud humana.
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