La ley aprobada en septiembre de 2020 entró en vigencia tras la orden de una directiva europea, por la que se deberá etiquetar con un aviso del posible del daño ambiental.
En su pequeña fábrica pedacitos de botellas de leche, champú y bolsas de cereales son mezclados con arena, fundidos a alta temperatura y moldeados en forma de ladrillos.