Neuquén: ¿en qué consiste la caminata sobre raquetas en la nieve de Villa La Angostura?

Este tipo de trekking es una de las actividades más requeridas por los turistas en este centro de esquí neuquino, ya que según cómo se lo practique puede ser tanto un paseo relajante como un entrenamiento para duras competencias y, dentro de ese arco, es apto para cualquier edad y condición física.

 
El lugar ideal para esta experiencia es la ladera occidental del Cerro Bayo, a pocos minutos del centro de la ciudad y con fácil acceso por aerosillas o en la telecabina séxtuple, aunque también se la practica en lugares más alejados, como el cerro Mirador, en la frontera con Chile.
 
La caminata de la que participó Télam comenzó en la cota 1.500 del Bayo, a la que el grupo llegó luego de partir bajo un oscuro manto de nubes, al que atravesó dentro de la telecabina para emerger a esa altura con un cielo azul que sería absoluto si no fuera por la brillante esfera del sol que encandilaba en levante.
 
Una decena de metros más abajo, una pareja llanura blanca de nubes conformaba un solo manto que ocultaba el valle de un lado hasta los picos de la cadena de O`Connor, al este, y del otro la cubría la ciudad y el lago Nahuel Huapi hasta la cordillera con sus cumbres más blancas aún.
 
Desde la cota 1.500, el grupo partió encabezado por las guías Soledad Ermosilla y Romina Segura, por el llamado Camino Panorámico, que zigzaguea por la falda del cerro en bajada, junto a un antiguo bosque natural de lengas.
 
Las raquetas de plástico sostienen los cuerpos en la superficie de la nieve y poseen grandes dientes de metal que ayudan a la tracción y al mantenimiento del equilibrio, para lo que Ermosilla recomienda apoyar fuerte el talón en el descenso y ‘morder’ con la punta de ese calzado en las pendientes ascendentes.
 
El horizonte hacia Chile es interrumpido por los picos nevados cordilleranos, entre los que se destacan el volcán Tronador, con sus tres picos (un argentino, otro chileno y el tercero en la línea fronteriza) y el Torre Pantojo, también en el límite entre los dos países.
 
El sol hace brillar las ‘barbas de viejo’ congeladas que cuelgan de las lengas y son un indicador de pureza ambiental, ya que esa planta parásita desaparece ante un mínimo de contaminación.
 
En el suelo y apenas visibles entre la nieve sobresalen algunas especies muy pequeñas, rastreras de altura, como la murtilla o mutilla.
 
De a poco, el camino en descenso se pierde en la masa de nubes que todo lo cubre y los coloridos equipos de esquí de los excursionistas se tornan en grises y oscuros uniformes que los semejan a fantasmas aún a corta distancia.
 
Ermosilla explicó que ese paseo es el más breve, con una extensión de entre 1,5 y 2 kilómetros, de desniveles suaves y que con una caminata relajada se puede recorrer en poco más de una hora.
 
‘Ésta es una actividad apta para toda la familia, desde niños hasta personas muy mayores, ya que se camino relajado y el paisaje y el silencio son un bálsamo para el estrés y el cansancio’, comentó esta guía que se dedica a esta actividad desde hace más de seis años, y los últimos dos en el Bayo.
 
Tras una última subida, que algunos finalizaron con ayuda de las guías en el último escalón, el grupo abandonó la nube y se encontró frente a un sol enorme que parecía asomar como en un amanecer en las laderas superiores de esa cota del cerro, ya cerca de la cafetería donde se recuperaría con chocolate caliente.

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