Vuelven los guacamayos a Río tras dos siglos, marcando un nuevo inicio de esta especie en Brasil

Después de más de 200 años, los guacamayos azules y amarillos volvieron a sobrevolar la ciudad de Río de Janeiro. Cuatro ejemplares de la especie Ara ararauna fueron trasladados al Parque Nacional de Tijuca como parte de un ambicioso plan de restauración ecológica de la Mata Atlántica.

Los individuos, tres hembras y un macho, habían sido rescatados de situaciones de tráfico ilegal o tenencia no autorizada. Tras su recuperación, fueron alojados en un vivero de aclimatación construido especialmente en el corazón del parque carioca.

El proyecto Refauna lideró esta iniciativa, junto al Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio). El objetivo fue claro: reintroducir a estas aves en un ecosistema del que desaparecieron a principios del siglo XIX.

Previo a su llegada, los guacamayos fueron sometidos a rigurosas pruebas sanitarias para asegurar la ausencia de enfermedades. Su liberación definitiva fue programada para los próximos seis meses, una vez completada su readaptación.

Guacamayo azul y amarillo. Foto: Wikipedia.
Guacamayo azul y amarillo. Foto: Wikipedia.

Regenerar el bosque desde el cielo

La reintroducción de guacamayos significó mucho más que un acto simbólico: fue una acción concreta para restaurar funciones ecológicas clave. Estas aves, además de su belleza, fueron reconocidas por su capacidad de dispersar semillas, un proceso vital para la regeneración natural del bosque.

Durante su aclimatación, las aves recibieron una dieta mixta compuesta por frutas, semillas y pienso, bajo la supervisión de especialistas. En paralelo, se promovió su contacto progresivo con alimentos silvestres, fortaleciendo sus capacidades de supervivencia autónoma en el entorno natural.

Para asegurar el éxito del proyecto, se colocaron anillos de colores y transmisores en las aves. Estos dispositivos permitirían a los investigadores monitorear sus movimientos tras la liberación, facilitando el análisis de su adaptación y posibles procesos de reproducción.

Además, se puso en marcha una campaña de sensibilización comunitaria en las zonas aledañas al parque. Se alentó a los residentes a evitar el contacto con las aves y a colaborar en el seguimiento mediante el envío de reportes y fotografías.

Una segunda oportunidad para los guacamayos en Río, un ecosistema herido

La extinción de los guacamayos en Río de Janeiro estuvo ligada a la deforestación para plantaciones de café y a su captura intensiva por parte del comercio ilegal. Su retorno marcó un cambio de paradigma: de la destrucción del hábitat a su recuperación integral.

La presencia de estos animales no solo buscó restaurar el equilibrio ecológico, sino también reconectar a la sociedad con la fauna nativa. La expectativa fue que, en los próximos años, se forme una población estable que recupere su lugar natural en el bosque de Tijuca.

El proyecto ya evaluó a otros siete guacamayos para incorporarlos al programa. Con cada nueva reintroducción, la ciudad de Río dio un paso más hacia la reconstrucción de su patrimonio biológico, en un siglo que demanda respuestas urgentes frente a la crisis ambiental.

El regreso de este guacamayo a Río, Brasil. Foto: Wikipedia.
El regreso de este guacamayo a Río, Brasil. Foto: Wikipedia.

Estado de conservación a nivel global

El guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) se encuentra catalogado como “Preocupación Menor” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), gracias a su amplia distribución en América del Sur y a poblaciones relativamente estables en varias regiones. Sin embargo, su situación varía según el país y el ecosistema específico.

En muchos lugares, estas aves enfrentaron amenazas severas debido a la pérdida de hábitat, la fragmentación de los bosques tropicales y el tráfico ilegal de fauna silvestre. Su gran tamaño, belleza y capacidad para imitar sonidos humanos las convirtieron en especies codiciadas como mascotas, alimentando su captura indiscriminada.

A pesar de no encontrarse globalmente en peligro, las poblaciones locales pueden estar extintas o severamente disminuidas, como ocurrió en Río de Janeiro. Esto vuelve crucial la implementación de programas regionales de conservación y reinserción, que contribuyan a restaurar sus funciones ecológicas y evitar futuros retrocesos.

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