En el marco del ciclo de capacitaciones en gestión de residuos, en San Luis se llevó adelante una valiosa jornada dedicada a los residuos electrónicos.
Específicamente, se habló sobre el tratamiento de pilas y baterías, una de las variedades de residuos con mayor peligrosidad latente y creciente generación en nuestra sociedad.
El espacio formativo, dirigido por la técnica Sandra Ceballos, del Ente de Residuos, se desarrolló con un enfoque informativo y participativo. Estuvo dirigida especialmente a las intendencias y equipos técnicos municipales, con el objetivo de «promover un abordaje articulado y colectivo frente a la complejidad de estos residuos».
Los técnicos de la entidad que recupera material para reinsertarse en el circuito industrial (Ente de Residuos) compartieron experiencias y desafíos concretos desde el territorio.

¿Qué son los RAEE?
Todo aparato eléctrico o electrónico que se descarta (electrodomésticos, computadoras, celulares, televisores, luminarias, paneles solares, etc.) se convierte en RAEE.
Este tipo de residuos presenta desafíos logísticos, ambientales, sanitarios y económicos.
La composición:
- 72%: materiales reciclables (plásticos, metales, vidrio).
- 25%: componentes reutilizables.
- 3%: residuos peligrosos (mercurio, cadmio, plomo).
Estos últimos, aunque en menor proporción, son altamente tóxicos. Afectan la salud (convulsiones, infertilidad, problemas renales y neurológicos) y el ambiente (no son biodegradables, generan gases tóxicos, contaminan aire, suelo y agua).
- Pilas y baterías
En este caso, presentan riesgos similares. Su variedad y composición hacen difícil su gestión, y
muchas aún conservan carga al ser desechadas. Argentina no las fabrica (excepto las de plomo-ácido), por lo que es clave controlar lo que ingresa y garantizar su tratamiento seguro.
El diagnóstico actual en Argentina

Según informaron las autoridades de la proncia, en el país la gestión de RAEE no supera el 3%. Se concentra en grandes ciudades como Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. Existe una cadena de valor desarticulada y heterogénea.
Solo algunas provincias cuentan con legislación específica. El costo de disposición final es alto (alrededor de $2.500 por kilo), lo cual impide que muchas cooperativas o empresas continúen operando.
Obsolescencia y consumo
Uno de los temas clave fue la obsolescencia programada y percibida, que genera un recambio constante de equipos aunque sigan siendo funcionales. Este fenómeno, junto con el consumo acelerado, alimenta el círculo vicioso: comprar–tirar–comprar.
Entre las ideas generadas en el encuentro, una de ellas fue avanzar en una Ley de Responsabilidad Extendida del Productor para que fabricantes e importadores se hagan cargo de los productos durante todo su ciclo de vida.
También el fortalecimiento de la articulación entre Nación, provincias y municipios en el marco del Consejo Federal del Medio Ambiente (COFEMA) y la promoción de campañas educativas sobre
reparación, reutilización y reciclaje.
Además, otro de los ejes fue el de apoyar a emprendimientos circulares y cooperativas de trabajo y buscar soluciones económicas viables que descentralicen la gestión fortaleciendo la información y trazabilidad de estos residuos.
Qué ocurre en San Luis
«La gestión adecuada este tipo de residuos en San Luis es crucial para proteger el medio ambiente y la salud pública», expresaron. Al gestionar correctamente los RAEEs, se minimiza la contaminación, se recuperan materiales valiosos y se evita la exposición a sustancias peligrosas.
Además, una gestión eficiente de los RAEEs se relaciona con la economía circular y la sostenibilidad, generando oportunidades de empleo y reduciendo la demanda de recursos naturales.



