Jóvenes dominicanos transforman una crisis ambiental en una solución innovadora, recolectando sargazo en altamar y desarrollando biotecnología para darle valor económico, protegiendo ecosistemas y apoyando comunidades costeras.
El Caribe enfrenta una invasión masiva de sargazo, una macroalga que, al descomponerse en las playas, libera toxinas dañinas. Este fenómeno devasta ecosistemas marinos, provoca irritaciones en la piel, ahuyenta al turismo y erosiona las costas, impidiendo incluso que especies como las tortugas marinas aniden.
Ante este desafío, el emprendimiento dominicano SOS Carbon ideó una solución innodavora y revolucionaria: recolectar el sargazo directamente en altamar antes de que alcance las playas.
El impacto devastador de un alga invasora
El calentamiento oceánico ha alterado las corrientes, empujando enormes cantidades de sargazo desde el Atlántico hacia las costas caribeñas. Su descomposición acidifica los océanos, contribuyendo al blanqueamiento de corales, ecosistemas vitales que albergan a un tercio de la vida marina.
El impacto económico es severo: se estima que cada hotel en República Dominicana gasta hasta 70.000 dólares mensuales en retirar el alga de las playas.
Para los pescadores locales como Ramón, la consecuencia es directa: «Desde hace 15 años saco peces clobo, tortugas o jaibas muertas sobre los mantos de alga«. La caída de la pesca fuerza a muchos a empleos turísticos mal pagados o incluso a la migración.

Una solución innovadora en altamar que cambia el paradigma
El sistema patentado por SOS Carbon, ya aplicado en México, Antigua y Barbuda, Puerto Rico y con planes de expansión a Europa, recolecta hasta 70 toneladas de sargazo al día.
Esto equivale a retirar el 70% del total que llega anualmente a las costas dominicanas, evitando que llegue a la orilla en estado tóxico y previniendo la erosión causada por las limpiezas con tractores en playa. Además, genera empleo para pescadores locales afectados.
De residuo a recurso: la apuesta por la biotecnología azul
La solución innovacdora no se detuvo en la recolección. Bajo el ala de SOS Carbon nació SOS Bayotec, enfocada en encontrar valor económico al sargazo.
«República Dominicana se ha convertido en un laboratorio de innovación«, señala el proyecto, que evita exportar la materia prima y explota toda su cadena de valor localmente. Son pioneros en biotecnología azul, desarrollando productos como bioestimulantes agrícolas.
«Un buen rendimiento es el tamaño de nuestros cultivos, de las plantas, de las hojas… mejor coloración, mejor tamaño, cantidad de azúcares», explican sobre sus resultados.
El «marín simbiótico» ya se aplica en 30 cultivos, como los tomates del agricultor Jeffrey Puyols, quien observa plantas con entrenudos más cortos y mayor potencial productivo.

Desafíos pendientes y nuevas fronteras mediante una solución innovadora
Aunque prometedores, los bioestimulantes aún no reemplazan totalmente a los químicos, especialmente para controlar plagas como trips y mosca blanca, que han motivado vedas agrícolas.
El técnico Alexander Díaz advierte que el uso excesivo de fertilizantes químicos contribuye al problema original, acidificando suelos y mares: «Generan muchos impactos negativos sobre la microbiota del suelo«.
Mientras el equipo de SOS Bayotec avanza en biofertilizantes más completos, también exploran otros usos. La biotecnóloga María, atraída por el enfoque integral del proyecto, trabaja en cremas para enfermedades de la piel e investiga aplicaciones en cosmética y bioplásticos.
«Lo que más me motiva es que puedo tener libertad creativa, ver un problema y decir: con ese sargazo, ¿cómo buscamos una solución?«, afirma.
Lo que comenzó como una respuesta a una emergencia ecológica y turística está evolucionando hacia un modelo de economía circular.
El sargazo, antaño una plaga tóxica, se perfila ahora como un recurso con múltiples aplicaciones, demostrando que la solución innovadora local puede convertir un grave problema ambiental en una fuente de oportunidades sostenibles para el Caribe.



