El físico y divulgador científico Johannes Kückens vuelve a encender el debate energético en Alemania al cuestionar la narrativa de los supuestos “motores de combustión eficientes”.
Sus declaraciones surgen en un contexto político marcado por propuestas para retrasar el fin de los motores térmicos más allá de 2035.
Los límites físicos de la eficiencia
Para Kückens, el término “motor eficiente” es engañoso: no responde a ninguna magnitud física real. Los motores térmicos son, por definición, máquinas de calor sometidas a límites inamovibles.
El segundo principio de la termodinámica establece que la conversión de calor en movimiento nunca puede ser total. Siempre habrá una parte importante que se pierda como calor residual.
- Incluso en los motores más avanzados, el techo teórico ronda el 65 %.
- En condiciones reales, los actuales diésel y gasolina rara vez superan el 25 % de eficiencia útil.
- El resto se disipa en forma de calor que no impulsa el vehículo.
Durante décadas, la industria perfeccionó válvulas, sensores e inyección, pero ese recorrido ha tocado fondo. “Hoy estamos en torno al 45 % de eficiencia y chocamos con límites físicos. Nunca será posible alcanzar el 80 % o el 90 %”, afirma Kückens.
La comparación es clara: los motores eléctricos ya superan el 90 % de eficiencia en condiciones ideales.
El espejismo de los e-fuels
Kückens observa con escepticismo la esperanza política de que los combustibles sintéticos (e-fuels) puedan salvar al motor de combustión. Describe su producción como un proceso de tres etapas extremadamente intensivo en energía:
- Electrólisis para obtener hidrógeno.
- Captura de CO₂ del aire.
- Síntesis de hidrocarburos.
El resultado es poco alentador:
- Los e-fuels contienen solo la mitad de la energía renovable invertida en su fabricación.
- Al quemarse en un motor ineficiente, apenas un 10 % de la energía inicial llega a la carretera.
- Con la misma cantidad de electricidad, un coche eléctrico recorre seis veces más que un motor de combustión alimentado con e-fuels.

Electricidad renovable: un recurso valioso
El argumento de Kückens no se limita a cálculos energéticos, sino a su impacto cotidiano. Si la electricidad renovable es limitada, ¿tiene sentido gastarla en combustibles que reducen la energía disponible a una fracción?
Países como Alemania y España expanden la energía solar y eólica, pero la oferta sigue siendo un recurso estratégico. La diferencia entre un 10 % y un 70 % de eficiencia cambia completamente el tablero energético.
Riesgos económicos y climáticos
Mientras China avanza con modelos eléctricos más baratos y cadenas de suministro consolidadas, Europa gestiona una transición más lenta y contradictoria. Para Kückens, prolongar la vida del motor térmico es un error climático y económico:
- Más emisiones y presión sobre ecosistemas ya estresados.
- A medida que suba el precio del CO₂, mantener un vehículo de combustión será más caro que operar un eléctrico.
- Las empresas que no adapten su tecnología podrían quedar atrás en un mercado que ya no espera.
Ventajas del motor eléctrico
El motor eléctrico aprovecha mejor cada kilovatio:
- En carretera real, la eficiencia ronda el 70 %, incluso considerando pérdidas en carga y transmisión.
- Su simplicidad mecánica reduce el mantenimiento.
- Los materiales críticos de las baterías (litio, níquel, cobalto) se reciclan y vuelven a la cadena de producción.
Europa impulsa ya una red de reciclaje de baterías, clave para reducir la dependencia exterior.
Reticencias sociales y cambio cultural
Persisten resistencias entre los conductores: dudas sobre autonomía, precio y puntos de carga. Muchas percepciones provienen de una etapa inicial de los eléctricos, cuando eran caros y con poca infraestructura.
Hoy el panorama cambia:
- Modelos más asequibles.
- Autonomías superiores a 400 km.
- Red de carga en expansión en autopistas y áreas urbanas.
Para Johannes Kückens, retrasar la eliminación del motor térmico sería un error profundo. Desde la física, la economía y la lógica ambiental, el motor eléctrico es la tecnología superior. Cada año adicional de combustión implica más emisiones, más calor atrapado en la atmósfera y más presión sobre ecosistemas vulnerables.
La transición energética no es solo un desafío técnico, sino también cultural y político. Europa tiene la oportunidad de liderar, pero necesita acelerar el paso para no quedar rezagada en un mercado global que ya apuesta por la electrificación.



