Febrero marca un punto de inflexión en el Sistema de Etiquetado de Eficiencia Energética en Argentina. A partir de la Resolución 438/2024, se redefine la forma de clasificar electrodomésticos.
Aunque el consumo real de energía no cambia, el nuevo esquema busca ordenar la información. De este modo, se adapta a tecnologías actuales y mejora la comparación entre productos.
Así, el etiquetado se consolida como una herramienta clave para el ahorro energético y la reducción del impacto ambiental.
¿Qué productos deben exhibir la etiqueta?
En el país, la etiqueta de eficiencia energética es obligatoria en electrodomésticos de uso masivo. Entre ellos figuran aires acondicionados, freezers, heladeras y lavarropas.
También deben incluirla televisores, lámparas y microondas, mientras que existen versiones opcionales para viviendas prefabricadas y vehículos.
De esta manera, el sistema alcanza tanto al consumo doméstico cotidiano como a otros sectores vinculados al uso de energía.

Una nueva escala para un consumo más claro
El cambio más visible es la adopción de una escala que va de la A a la G. Con ello, se eliminan las categorías “Plus” como A+, A++ y A+++.
La letra A identifica ahora el mayor nivel de eficiencia posible bajo criterios más exigentes. A partir de allí, cada categoría refleja un consumo progresivamente mayor.
Por ejemplo, en electrodomésticos de lavado, un equipo B puede consumir alrededor de un 20% más que uno A, mientras que un C puede alcanzar hasta un 39% adicional.
Condiciones que se tienen en cuenta para el etiquetado
El nuevo sistema no se limita a medir cuánta energía consume un aparato. También incorpora condiciones técnicas que amplían la mirada ambiental.
Entre ellas se considera el resultado de ensayos de laboratorio, respaldados por declaraciones juradas de los fabricantes. Esto busca garantizar datos verificables y comparables.
Además, se evalúan aspectos como reparabilidad, reciclabilidad, mantenimiento y disposición final, claves para reducir residuos y prolongar la vida útil de los productos.
Más información para elegir mejor
La nueva etiqueta suma una banda visual central del mismo color que la categoría energética. Allí se detalla el consumo real, expresado por año, por hora o por ciclo, según el equipo.
A su vez, incorpora un código QR que permite acceder a la ficha técnica completa del producto. Esto facilita comparar modelos y marcas en el punto de venta. Así, el consumidor puede ir más allá del precio y evaluar el impacto energético y ambiental de su elección.

Eficiencia energética y sostenibilidad
Al ordenar la información y elevar los estándares, el sistema busca desalentar tecnologías obsoletas. Esto impulsa un mercado más eficiente y alineado con objetivos climáticos.
Cada decisión de compra influye en la demanda energética nacional. Por lo tanto, elegir equipos más eficientes contribuye a reducir emisiones asociadas a la generación eléctrica.
En este contexto, el nuevo etiquetado se presenta como una política silenciosa pero estratégica para avanzar hacia un consumo más sustentable.
Un paso hacia hábitos responsables
Si bien el cambio no altera la factura de luz de forma inmediata, sí promueve decisiones informadas a largo plazo. La eficiencia energética se vuelve visible y comprensible.
Así, el etiquetado deja de ser solo un adhesivo obligatorio y se transforma en una guía ambiental. Un pequeño gesto que, multiplicado, puede marcar una diferencia real.



