Las incursiones de buques pesqueros extranjeros en el Mar Argentino, principalmente de China, Taiwán y Corea del Sur, confirman un problema que se repite año tras año. Estas flotas industriales operan de manera intensiva en la llamada Milla 201, justo fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE), generando un impacto ambiental y económico de gran magnitud.
Imágenes satelitales recientes muestran verdaderas ciudades flotantes de embarcaciones de gran porte, visibles incluso desde el espacio, que ejercen una presión creciente sobre los recursos pesqueros del Atlántico Sur.
La Milla 201 y la dificultad jurídica
La alta mar no está bajo soberanía nacional, lo que limita las capacidades de control y sanción de países ribereños como Argentina.
- Dentro de la ZEE, las intervenciones de la Prefectura Naval Argentina (PNA) suelen ser efectivas.
- Fuera de las 200 millas, las herramientas legales son prácticamente inexistentes.
- Entre 2019 y 2024, la pesca intensiva en esa franja creció un 65%, aumentando la presión sobre especies migratorias como el calamar Illex argentinus.
Impacto ecológico y económico
El calamar, especie clave en la cadena trófica del Atlántico Sur, sostiene a depredadores como ballenas, delfines, merluza y atún. Su sobreexplotación puede desencadenar un efecto dominó que afecte tanto a la fauna marina como a las comunidades costeras que dependen de estos recursos.
Las pérdidas económicas son igualmente graves: la pesca ilegal genera un perjuicio estimado de US$ 1.000 millones anuales, equivalente al 30%–50% de lo exportado por Argentina en el sector pesquero.

Acciones de control y denuncias
La Prefectura Naval Argentina utiliza plataformas electrónicas avanzadas como el sistema Guardacostas para monitorear incursiones. En casos de ingreso ilegal a la ZEE, se realizan disparos de advertencia y detenciones, como ocurrió con el buque chino Hua Shun Yu 809 y el de bandera de Vanuatu Bao Feng.
Además, informes internacionales denuncian trabajo esclavo, maltrato físico y abusos laborales en estas flotas, especialmente las de origen chino, lo que suma una dimensión humanitaria al conflicto.
El rol del Tratado de Alta Mar
Frente a este escenario, resulta impostergable avanzar hacia una regulación más estricta de la pesca en aguas internacionales. La plena vigencia del Tratado de Alta Mar de las Naciones Unidas aparece como una herramienta clave:
- Creación de áreas marinas protegidas.
- Exigencia de evaluaciones de impacto ambiental.
- Establecimiento de un marco global de protección para una frontera marítima hoy demasiado frágil.
La pesca ilegal en el Mar Argentino es un problema ambiental, económico y de soberanía que exige respuestas urgentes. La presión sobre especies migratorias, las pérdidas millonarias y las denuncias de abusos laborales convierten a la Milla 201 en un símbolo de la fragilidad de los océanos frente a la explotación sin control.
La implementación efectiva del Tratado de Alta Mar y la cooperación internacional son pasos indispensables para garantizar la sostenibilidad de los recursos y la defensa de los intereses nacionales.



