En uno de los íconos turísticos más transitados de Nueva York, el Puente de Brooklyn, dos vecinos —Ellen Baum y Max Parke— emprendieron una tarea voluntaria que terminó convirtiéndose en un movimiento ciudadano. Desde febrero de 2026, ambos han dedicado decenas de horas a retirar residuos y candados, acumulando más de 450 kilos de basura y metal.
Lo que comenzó como un esfuerzo individual se transformó en una acción colectiva de conciencia ambiental y cuidado del patrimonio urbano, con apoyo de vecinos, usuarios de redes sociales y hasta miembros del consejo municipal.
El origen del problema: los “candados del amor”
La tendencia de colocar candados metálicos en el puente comenzó en la década de 2010, inspirada en París. Las parejas lanzaban las llaves al East River como símbolo de unión. Con el tiempo, la práctica derivó en objetos improvisados: cintas, auriculares, botellas plásticas e incluso tampones.
En 2014 y 2016, la acumulación fue tan grande que el Departamento de Transporte debió realizar operativos de limpieza, con un costo de USD 116.000, además de imponer multas de USD 100 por colocar objetos. Sin embargo, la medida no logró frenar la práctica.
Los protagonistas
- Ellen Baum, gestora de programas de 37 años, dedicó más de 40 horas a retirar manualmente residuos atados al enrejado del puente. Su esfuerzo le valió apodos como “Trashley Madison” y la “zarina de la basura”.
- Max Parke, ingeniero de software de 39 años, comenzó en diciembre a retirar candados con una amoladora de disco y un chaleco reflectante. Transportó los restos metálicos en un carro acoplado a su bicicleta o en metro, acumulando más de 450 kg de metal.
Ambos se conocieron en marzo y formalizaron su colaboración, consolidando un movimiento que ya inspira a otros ciudadanos a limpiar sus propios barrios.

Urbanismo guerrilla y apoyo institucional
La iniciativa se interpreta como una forma de “urbanismo guerrilla”, donde ciudadanos intervienen directamente en el espacio público. Aunque la policía ha presenciado la actividad, nunca intervino; incluso un conductor del Departamento de Transporte manifestó su apoyo.
Baum presentó una propuesta formal al Departamento de Transporte para institucionalizar la limpieza, reforzar equipos oficiales y crear campañas educativas sobre la historia del puente. También sugirió instalar estructuras decorativas para depositar candados sin dañar la infraestructura.
El consejo municipal respondió con apoyo logístico y materiales, y se espera que el caso despierte el interés del alcalde Zohran Mamdani.
Educación y conciencia ambiental
Baum se inscribió en el programa Trash Academy de la Sanitation Foundation, que capacita sobre el impacto de los residuos en el clima, la salud pública y los barrios neoyorquinos. La iniciativa busca ampliar la conciencia ciudadana y transformar la limpieza en un hábito colectivo.
La experiencia de Baum y Parke demuestra que la acción ciudadana puede suplir la falta de respuesta institucional y generar cambios culturales. Aunque los residuos siguen apareciendo, el movimiento ya logró instalar el debate sobre el cuidado del patrimonio urbano y la necesidad de participación comunitaria en la gestión de residuos.



