Una investigación reciente reveló que la cucaracha Blaptica dubia puede degradar hasta el 55% del poliestireno en 42 días, transformando parte de ese material en energía aprovechable para su metabolismo.
- Cada ejemplar consumió unos 6 mg diarios de poliestireno.
- El proceso no se limitó a fragmentar el plástico: se observó oxidación y ruptura de cadenas moleculares, lo que indica una despolimerización real.
- El carbono del plástico terminó integrado en rutas metabólicas como la β-oxidación, el ciclo de Krebs y la fosforilación oxidativa, generando energía celular.
El poliestireno es uno de los plásticos más comunes en la vida cotidiana: envases, bandejas de comida, embalajes protectores. Su bajo costo y practicidad lo han convertido en un material omnipresente, pero su resistencia química lo hace extremadamente difícil de degradar. Cuando se fragmenta en microplásticos, puede viajar por ecosistemas enteros, acumulándose en suelos, ríos y mares.
El papel de los microorganismos
El estudio mostró que bacterias como Pseudomonas, Klebsiella y Citrobacter desempeñan un rol clave. Estas comunidades producen enzimas específicas (oxidorreductasas y transferasas) que inician el ataque químico al polímero. Se trata de una cadena de montaje biológica:
- Los microorganismos rompen el material en fragmentos manejables.
- La cucaracha aprovecha los compuestos resultantes en su metabolismo energético.

Implicaciones biotecnológicas
Este hallazgo no significa que liberar cucarachas resolverá la crisis de plásticos. El valor real está en comprender el sistema como una plataforma biológica compleja, donde interactúan:
- Microorganismos especializados.
- Enzimas degradadoras.
- El metabolismo del huésped.
Este enfoque se alinea con una tendencia creciente en biotecnología: en lugar de buscar una “enzima mágica”, se apuesta por consorcios microbianos y rutas metabólicas combinadas.
Potenciales aplicaciones
Si estos procesos se trasladan a entornos controlados, podrían:
- Mejorar el reciclaje químico de plásticos complejos que hoy terminan en vertederos o incineradoras.
- Reducir la acumulación de microplásticos en ecosistemas acuáticos y terrestres.
- Transformar residuos en recursos energéticos o materias primas, cerrando parcialmente el ciclo del carbono.
Riesgos y desafíos
La degradación incompleta o mal gestionada podría generar subproductos indeseados, por lo que se requiere investigación adicional para garantizar procesos seguros y eficientes. Además, trasladar este sistema a escala industrial implica diseñar biorreactores inspirados en la naturaleza, capaces de replicar la interacción entre insectos, bacterias y enzimas.
El descubrimiento de que las cucarachas pueden degradar poliestireno y aprovecharlo como energía abre una nueva perspectiva en la lucha contra la contaminación plástica. Más allá de lo anecdótico, este hallazgo aporta claves para desarrollar tecnologías de reciclaje biológico avanzadas, capaces de enfrentar uno de los problemas ambientales más persistentes de nuestro tiempo.



