En un esfuerzo por mejorar la eficiencia energética de las viviendas, una cooperativa en Trelew, Chubut, ha encontrado un uso innovador para la lana de oveja, un material que durante mucho tiempo fue visto como un subproducto sin valor en la industria textil.
Este nuevo enfoque ofrece una solución sostenible y económica para reducir el consumo de energía en los hogares.
El concepto es simple y revolucionario: transformar la lana desechada en un aislante natural para viviendas. Esta iniciativa no solo aumenta el valor de las actividades rurales, sino que también disminuye la fuga de calor a través de las paredes y techos, resultando en un notable ahorro energético.
La Cooperativa Lanera Trelew, nacida tras la quiebra de una empresa textil, ha logrado procesar el 95% de la lana del país. Esta lana, que en ocasiones terminaba quemada o en basurales, ahora se emplea para construir viviendas más eficientes en el uso de energía.
Durante un evento en Chile en 2022, el ingeniero Rubén Contreras reconoció la falta de materia prima para proyectos de bioconstrucción. Esto llevó al desarrollo del Proyecto LanArq Patagónico, una colaboración binacional que ya ha mostrado sus beneficios en Chile.
El sistema utiliza una estructura de madera en seco y sustituye los materiales aislantes sintéticos por lana de oveja. La cooperativa produce y ensambla los paneles rápidamente, prometiendo viviendas completas en aproximadamente 45 días, aunque el tiempo exacto depende del diseño final.
Un beneficio clave es la reducción del uso de leña hasta en un 40% en comparación con las viviendas tradicionales en el sur de Chile. Aunque el costo inicial es un 10% a 15% más alto, los ahorros en energía pueden alcanzar hasta un 50%, lo que compensa la inversión inicial.
Un informe del Gobierno argentino respalda estos hallazgos, señalando que este tipo de aislamiento puede recortar el consumo energético en un 30%.
Investigaciones adicionales, como las presentadas en ENCAC/ELAC 2025, confirman que los mantos de lana ofrecen una conductividad térmica competitiva, comparable a aislantes convencionales.
Además de sus propiedades térmicas, la lana tiene la capacidad de manejar la humedad eficientemente, reduciendo el riesgo de moho. Un estudio de 2025 demostró que los materiales basados en lana mantuvieron una humedad relativa más estable en comparación con los sintéticos.
En cuanto a la seguridad, la lana es tratada con sal de bórax, mejorando su resistencia al fuego y protegiéndola contra plagas. Esto proporciona una resistencia al fuego certificada de 54 minutos.
El objetivo final es expandir el uso de este aislante natural a más viviendas, demostrando su efectividad en diferentes climas y condiciones. Programas de etiquetado de eficiencia energética en Argentina están ayudando a medir el impacto real de este innovador material en el consumo energético.



