En el estado de Missouri, una innovadora tecnología desarrollada por científicos de la Universidad de Misuri está revolucionando el tratamiento de aguas contaminadas. Se ha creado una alga genéticamente modificada que se ha convertido en un eficaz imán para los microplásticos, ofreciendo una solución prometedora para la limpieza de mares y ríos.
Algas mutantes: un imán para microplásticos
El estudio, publicado en Nature Communications, reveló que estas algas pueden eliminar hasta el 91.4% de microplásticos en tan solo una hora en condiciones de laboratorio. Utilizando una cepa que produce limoneno, un aceite natural que recuerda al aroma de la naranja, la superficie de las algas se vuelve más hidrofóbica, facilitando la adhesión de los microplásticos.
El limoneno, más que aportar su característico olor, modifica la estructura celular de las algas, haciendo que se repelan con el agua. Esta propiedad es crucial ya que muchos microplásticos poseen la misma característica, lo que provoca que se unan a las algas de manera natural y efectiva.
Esta interacción facilita la formación de grumos que se hunden, creando una biomasa que es más fácil de recolectar. Este avance es significativo, ya que permite concentrar los microplásticos dispersos en una masa sólida que puede ser retirada con mayor eficiencia.
Los métodos de filtración tradicionales a menudo fallan en capturar estas partículas diminutas. Según Susie Dai, investigadora de la Universidad de Misuri, los microplásticos son tan pequeños que escapan de muchos sistemas de tratamiento, contaminando ecosistemas acuáticos y afectando la fauna marina.
El desarrollo de una plataforma llamada RUMBA promete combinar la eliminación de microplásticos con el tratamiento de aguas residuales, permitiendo el uso posterior de los materiales recolectados en nuevos productos plásticos o bioplásticos. Esta estrategia aborda varios problemas ambientales a la vez.
El equipo ha probado el método con diversos tipos de plásticos, incluidos poliestireno, PET y polietileno, demostrando la versatilidad del enfoque, ya que los plásticos en el ambiente suelen encontrarse mezclados y no separados por tipo.
Más allá de capturar microplásticos, estas algas también pueden prosperar en aguas residuales, aprovechando nutrientes disponibles y ayudando a purificar el agua en más de un sentido. Dai destaca que este método aborda tres problemas ambientales simultáneamente.
El equipo aún se encuentra optimizando los procesos para su aplicación a gran escala. Actualmente, cultivan estas algas en biorreactores grandes, como uno de 100 litros apodado «Shrek», con la esperanza de adaptarlos a condiciones reales de agua residual.
Si bien los resultados de laboratorio son prometedores, se requieren más pruebas y ajustes para enfrentar las complejidades de los sistemas acuáticos naturales. El futuro del proyecto depende de cómo se adapte y escale este método a escenarios más desafiantes.
En conclusión, este avance no debe usarse como pretexto para incrementar la producción de plásticos desechables. La verdadera solución reside en reducir la generación de residuos y mejorar las prácticas de reciclaje. Sin embargo, estas innovaciones representan un paso importante en el manejo de la contaminación por microplásticos.



