La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha emitido una seria advertencia respecto a un fenómeno climático de gran impacto: el Super El Niño. Este evento se espera que se intensifique significativamente a partir de julio de 2026, y podría desencadenar efectos catastróficos en diversas regiones del mundo.
El Impacto Creciente del Super El Niño
Aunque el término Super El Niño no figura oficialmente en la nomenclatura de la OMM, los expertos lo utilizan para identificar episodios de El Niño extraordinariamente fuertes. Estos eventos tienen la capacidad de alterar radicalmente los patrones de temperatura y precipitación a nivel global.
Según un meteorólogo del INUMET, ya es tarde para prepararse adecuadamente para las repercusiones de este fenómeno. Este llamado a la acción destaca la urgencia de implementar medidas preventivas.
El calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, detectado por la OMM, continúa aumentando. Los modelos climáticos internacionales coinciden: en la segunda mitad del año, este calentamiento podría alcanzar niveles preocupantes, generando riesgos de calor extremo, inundaciones, sequías y más.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, enfatizó que las condiciones actuales del El Niño podrían intensificarse rápidamente, convirtiéndose en un evento de gran magnitud. Dado el contexto de temperaturas globales ya elevadas por el cambio climático antropogénico, las consecuencias potenciales son aún más alarmantes.
Consecuencias del Super El Niño en 2026
La OMM señala que los efectos del Super El Niño no serán uniformes, variando según la región. Entre los principales impactos anticipados se incluyen máximas de temperatura en varias naciones, olas de calor extendidas, severas sequías agrícolas y lluvias intensas que podrían causar inundaciones.
Además, el aumento en la actividad de tormentas intensas, la alteración de la producción alimentaria, y la predisposición a incendios forestales son otras preocupaciones derivadas de estas condiciones secas. La disponibilidad de agua potable y la generación de energía hidroeléctrica también podrían verse afectadas.
La OMM insta a los gobiernos a preparar estrategias de adaptación y sistemas de alerta temprana para mitigar los riesgos a la población e infraestructura. Las proyecciones precisas de estos eventos extremos son clave para una gestión eficaz del agua y la protección de los recursos alimentarios.



