Investigadores del Instituto de Análisis Económico (IAE) del CSIC desarrollaron CADI (Climate-Driven Agricultural Decline Index), una herramienta que proyecta cómo evolucionará la capacidad máxima de producción de las tierras de cultivo para alimentos hasta finales de siglo.
Con una resolución de 10×10 km, estima la pérdida de productividad atribuible exclusivamente al clima, sin considerar medidas de adaptación como nuevos cultivos o mejoras tecnológicas.
Resultados globales
- Entre 1981-2000 y 2001-2020, el 16 % de las tierras de cultivo perdió más del 10 % de su potencial productivo.
- Las regiones tropicales concentran las mayores pérdidas.
- Las latitudes altas (Escandinavia, Finlandia, Escocia, Alpes) muestran aumentos de productividad, aunque modestos en términos absolutos.
- En la actualidad, el 15 % de la población mundial vive en áreas que ya han perdido al menos un 5 % de su potencial productivo.
Proyecciones hacia mediados de siglo
En un escenario de calentamiento medio-alto (+2,1 ºC):
- Casi el 49 % de la población mundial podría vivir entre 2041 y 2060 en regiones con capacidad productiva en declive.
- Solo el 5 % de las tierras agrícolas tropicales concentra el 35 % de las pérdidas globales.
- Una cuarta parte de los países acumulará entre el 85 % y el 90 % de las pérdidas mundiales.
Impacto en España
Según Hannes Mueller, investigador del IAE-CSIC:
- La cornisa cantábrica, Galicia y los Pirineos aumentarán su productividad.
- El interior y centro-este peninsular perderán capacidad, con zonas de pérdidas severas. Este patrón reproduce a pequeña escala la tendencia mundial: el norte gana, el sur pierde.

Tensiones distributivas
Los investigadores advierten que incluso en países con ganancias de productividad surgirán conflictos internos:
- La agricultura se desplaza hacia nuevas zonas.
- Se requiere reasignar tierra, agua e inversión.
- Los países más vulnerables son aquellos que menos han contribuido históricamente a las emisiones de CO₂.
Adaptación y justicia climática
El estudio subraya que las estimaciones de CADI pueden orientar políticas agrarias y de adaptación:
- Nuevas tecnologías para mejorar rendimientos.
- Cambios en cultivos y prácticas agrícolas.
- Traslado de producción hacia regiones más resilientes.
Sin embargo, la capacidad de adaptación es desigual: pequeños agricultores y territorios con menos recursos enfrentan mayor vulnerabilidad.
El índice CADI revela que el cambio climático redefine el mapa agrícola mundial. Localizar con antelación las áreas más expuestas permitirá dirigir mejor los recursos, diseñar medidas de adaptación eficaces y reforzar las políticas de justicia climática.
La pregunta central es cómo garantizar seguridad alimentaria en un planeta donde casi la mitad de la población podría vivir en regiones con productividad en declive hacia mediados de siglo.



