Las dunas costeras de California no solo embellecen el paisaje, sino que también cumplen un rol vital como barrera natural contra el océano Pacífico. Un reciente estudio reveló que estas formaciones han disminuido en casi un 60% desde el siglo XIX. Esta pérdida plantea serias implicaciones para la biodiversidad y las comunidades costeras.
Pérdida de dunas costeras impacta a especies protegidas
La disminución de las dunas afecta directamente a la fauna local, las playas y las comunidades humanas cercanas. Gran parte de este retroceso se debe a la urbanización y la modificación del uso del suelo, que han interrumpido la continuidad de estas formaciones.
El estudio, que abarca un análisis de 165 años de cambios a lo largo de los 1625 kilómetros de la costa californiana, muestra que a mediados del siglo XIX, las dunas cubrían 739 kilómetros cuadrados. En comparación, en 2016, estas se redujeron a cerca de 300 kilómetros cuadrados.
Los métodos de investigación incluyeron la digitalización de 140 mapas topográficos históricos, imágenes aéreas y tecnología LiDAR. Los científicos también realizaron visitas de campo para validar sus hallazgos.
Las diferencias regionales son notables. Mientras que el sur de California ha perdido aproximadamente el 95% de su superficie dunar histórica, la región central ha visto una reducción del 60%. En el norte, la pérdida ha sido menor, cerca del 3%, aunque las dunas allí no están necesariamente en mejor estado.
En áreas como Los Ángeles y San Francisco, la transformación es particularmente evidente. Según Kyle Emery del Marine Science Institute de la Universidad de California en Santa Bárbara, la magnitud de la pérdida en estas ciudades ha sido significativa.
El número de fragmentos de dunas ha aumentado de 232 a 339, pero su tamaño promedio ha disminuido dramáticamente, indicando un ecosistema fragmentado. Esta fragmentación hace que las dunas sean menos efectivas como defensas naturales contra la erosión y las inundaciones.
A pesar de estos desafíos, hay áreas donde las dunas han crecido, sumando aproximadamente 15,2 kilómetros cuadrados de nuevo hábitat. Sin embargo, estas ganancias son mínimas frente a la pérdida total de 442 kilómetros cuadrados.
Restaurar estas formaciones es posible, aunque complejo, y depende de varios factores, como la disponibilidad de arena y el control de la presión humana. El estudio completo ha sido publicado en la revista Earth’s Future y ofrece un nuevo inventario para guiar futuros esfuerzos de conservación.



