Un nuevo estudio revela que al menos seis lunas del sistema solar podrían albergar grandes océanos de agua líquida bajo sus superficies heladas. Entre ellas destacan Europa, Ganímedes, Calisto, Encélado, Titán y Mimas, mientras que Tritón y varios satélites de Urano siguen siendo objeto de investigación.
Océanos ocultos en lunas del sistema solar
Este descubrimiento ha revolucionado la búsqueda de ambientes habitables fuera de nuestro planeta. Históricamente, los científicos concentraron sus esfuerzos en planetas situados a la distancia adecuada del Sol para mantener agua en forma líquida en la superficie. Sin embargo, algunas de las ubicaciones más prometedoras se encuentran en los rincones más fríos y distantes del sistema solar.
Las evidencias de estos océanos no provienen de imágenes directas sino de señales magnéticas, mediciones gravitacionales, variaciones orbitales, rotación y análisis químicos. Por ejemplo, Encélado expulsa materiales al espacio, mientras que el océano de Calisto se deduce a partir de datos magnéticos.
La NASA utiliza el término “mundo oceánico” para referirse a cuerpos celestes con una considerable cantidad de líquido. Este agua puede estar cubierta por hielo y contener diferentes compuestos como sales o amoníaco, lo que contribuye a que permanezca en estado líquido.
La interacción gravitacional con planetas gigantes puede estirar y comprimir las lunas, generando calor interno en un proceso conocido como calentamiento por mareas. Este fenómeno, junto con la desintegración radiactiva y la presencia de sustancias como sales y amoníaco, ayuda a mantener el agua líquida.
Europa, una de las lunas de Júpiter, está cubierta de hielo joven y presenta fracturas que sugieren la presencia de un océano salado. Este podría contener más agua que todos los océanos de la Tierra juntos y estar en contacto con un lecho rocoso, lo que favorecería reacciones químicas que podrían sustentar vida.
Ganímedes, la luna más grande del sistema solar, posee un campo magnético propio. Las variaciones en sus auroras indican la posible existencia de un océano bajo su superficie. En Calisto, aunque la evidencia es menos directa, las mediciones sugieren la presencia de un océano bajo una gruesa capa de hielo.
En Encélado, los géiseres activos han permitido a las sondas espaciales estudiar directamente el agua expulsada. Estos estudios han encontrado partículas de hielo salado y compuestos orgánicos. Titán presenta metano líquido en su superficie y un océano subterráneo que podría comenzar a 50 kilómetros bajo el hielo.
Un caso sorprendente es el de Mimas, una pequeña luna de Saturno que podría tener un océano global a una profundidad de 20 a 30 kilómetros. Este océano podría ser geológicamente joven, lo que explicaría la falta de actividad observable en la superficie.
Próximas misiones, como Europa Clipper de la NASA y Juice de la Agencia Espacial Europea, se dirigirán hacia Júpiter. Estas misiones buscarán esclarecer la profundidad y composición de estos océanos, proporcionando datos cruciales sobre la posibilidad de vida extraterrestre en estas lunas.



