Argentina: más del 90% de los zoológicos del país presenta irregularidades

La mayoría de los zoológicos y los acuarios del país no cumple con los objetivos internacionales de conservación de las especies, educación e investigación, según demuestra un relevamiento de un centenar de estos parques de gestión pública y privada. Presupuestos insuficientes, políticas aisladas y personal calificado escaso están entre las principales causas de este diagnóstico de situación que demandó un año.

 
‘Más del 90% de los sitios popularmente denominados zoológicos no son más que meras colecciones de animales vivos exhibidas al público con fines comerciales y/o recreativos. Desafortunadamente, ésta también es la realidad de los grandes zoológicos estatales del país, en las ciudades más importantes: Buenos Aires, La Plata, Córdoba y Mendoza’, se lee en las conclusiones del trabajo del equipo de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, que entre sus antecedentes cuenta con una propuesta para mejorar el Jardín Zoológico porteño.
 
El nuevo informe describe en 10 puntos las irregularidades que observó el equipo a cargo de Claudio Bertonatti, asesor de la fundación Azara, junto con el veterinario Fidel Baschetto y el especialista en educación ambiental Carlos Fernández Balboa. Los investigadores utilizaron los principios que establece la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios (WAZA, por su nombre en inglés), que es la institución de referencia para el funcionamiento de esos lugares.
 
‘La visión de la WAZA sostiene que la meta principal de los zoológicos y los acuarios será integrar todos los aspectos de su trabajo dentro de las actividades para la conservación’, resumieron desde la fundación. Sin embargo, y aunque las normas vigentes así lo exigen, más del 95% carece de planes maestros o programas formales de conservación, bienestar animal, educación ambiental e investigación.
 
El relevamiento también da cuenta de la existencia de casos de maltrato animal, tráfico de fauna, contacto directo de los animales con los visitantes y ausencia de inventarios o registros de inscripciones ‘fidedignos’, como los describieron los autores. ‘Algunos lo hacen de modo público y crónico, lo que exhibe impunidad, desidia, impericia o complicidades’, señaló Bertonatti, que es especialista en conservación.
 
La precariedad y la improvisación también fueron comunes al evaluar factores fundamentales, como la infraestructura, el bienestar animal, la higiene, la sanidad y las normas de seguridad.
 
‘No sólo incluimos a los grandes zoológicos, los acuarios, los parques temáticos y los oceanarios, sino también a los zoológicos pequeños de localidades del interior y hasta las granjas con animales silvestres’, precisó Bertonatti. Sostuvo que es imperioso que los zoológicos comiencen a transformarse en centros de conservación y educación ambiental.
 
‘La infraestructura que existe en nuestro país puede ser muy útil para la protección de las especies autóctonas -señaló-. Pero si los más importantes generan preocupación por el incumplimiento de los objetivos (de la WAZA) para el manejo adecuado de sus poblaciones, qué les queda a los zoológicos chicos, con menos recursos, personal, capacitación, capacidad técnica e infraestructura. De hecho, la situación es tan grave que polarizó notoriamente la opinión de la sociedad sobre la existencia de los zoológicos. Y algo que nos preocupa mucho es que estos lugares se convirtieron en meras colecciones de animales silvestres vivos, principalmente con fines comerciales y recreativos.’
 
Otra características de esas poblaciones que señalaron los ambientalistas es la exhibición de animales ‘estrella’, la reproducción endogámica (entre animales emparentados) y mestiza (entre distintas razas geográficas o subespecies), junto con la ausencia de registros de esos orígenes de los ejemplares. Además, el equipo detectó diferencias significativas entre el espacio, la ubicación y el estado de los recintos para los ejemplares de la fauna autóctona y los ejemplares característicos de otros continentes.
 
La Dirección Nacional de Fauna habilitó la inscripción de estas instituciones. Sólo lo hicieron menos de diez, según pudo conocer la fundación. ‘El Estado nacional y las provincias deberían asumir como política ambiental, con una ley, la transformación de estos lugares. En los últimos tiempos son más los zoológicos que se están cerrando que los que están en proceso de transformación’, dijo Bertonatti.
 
Ayer, LA NACION consultó a varios zoológicos sobre este relevamiento, pero no obtuvo respuesta. El oceanario Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú, confirmó que recibió el informe y lo está analizando.

La Nación

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