Así es el gato montés, el cazador que extiende sus territorios a lo largo de cuatro continentes

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Aunque tiene un parecido indiscutible con los domésticos, el gato montés resulta ser una especie distinta. Es un animal que goza de la libertad y del entorno salvaje. Busca abstenerse de los espacios urbanos, puesto que en la naturaleza encuentra el mejor refugio contra el ser humano. Esto es lo que sabemos sobre el pequeño cazador crepuscular.

El gato montés y sus subespecies

El gato montés (felis silvestris) es un felino muy similar a sus hermanos domésticos. A su vez, existen varias subespecies de este animal salvaje. La base de datos Naturalista enlista a las siguientes:

  • Felis silvestris silvestris
  • Felis silvestris lybica
  • Felis silvestris cafra
  • Felis silvestris ornata
  • Felis silvestris bieti
  • Felis silvestris catus

La especie presenta dimorfismo sexual, por lo que peso puede variar de acuerdo a la subespecie y el sexo. Sin embargo, la Universidad de Michigan deja claro que estos animales oscilan entre 2.5 y 5 kilogramos. La longitud del gato montés va de 50 a 75 centímetros. Por otro lado, la cola puede alcanzar 21 o hasta 35 centímetros. A comparación con los gatos domésticos, suelen ser más robustos.

La coloración más común del gato montés comprende al marrón y al gris como sus principales elementos. Además, cuenta con un patrón de rayas negras que le da una similitud notable con los gatos domésticos atigrados. En la mayoría de las subespecies, el pelaje se distingue por ser corto y suave.

¿Dónde habita el gato montés?

El hecho de que existan variaciones del gato montés hace que el tema de la distribución sea amplio, pues éstas son propias de determinadas regiones. Como muestra, está la subespecie europea (Felis silvestris silvestris), la cual se extiende desde el Cáucaso hasta Asia Menor, llegando incluso a Escocia, el mar del Norte y Báltico, según explica Naturalista. Contando todas las subespecies, puede decirse que este felino se halla en Asia, América, Europa y África.

Algo similar sucede con el hábitat, debido a la gran extensión de territorios abarcados por el gato montés. Para ejemplificar, están las subespecies africanas (Felis silvestris lybica y Felis silvestris cafra), entre las dos se cubren una gran variedad de ecosistemas de este continente. En suma, los principales espacios para la supervivencia del felino en cuestión son sabanas, chaparrales, bosques de matorrales y pastizales.

Carroñero ocasional

Así como otros felinos, el gato montés es un cazador crepuscular. Sus principales presas son roedores. También conejos, insectos, aves y huevos, pueden caer en sus garras. Aunque es menos frecuente, se ha documentado que algunas subespecies llegan a desarrollar tendencias carroñeras. A pesar de sus hábitos carnívoros, estos gatos ocasionalmente ingieren plantas.

El gato montés puede tener actividad a cualquier hora del día, no obstante, es principalmente un animal nocturno. Continuando con la tendencia de otros felinos salvajes, este es un organismo solitario. La excepción a lo anterior se presenta en los periodos de celo. En ellos, la hembra es asediada por varios machos y, como resultado de esto, logra darse la paternidad múltiple, conforme a lo señalado por la Universidad de Michigan.

Los tiempos de gestación acumulan de 56 a 68 días. Una vez que la hembra da a luz, las crías van de 1 a 8 ejemplares. Éstas alcanzan la madurez sexual a 10 y 11 meses, mientras que los machos lo hacen entre los 9 y los 22.

Una especie en peligro de extinción

El ser humano es responsable del 83% de las muertes de los ejemplares de gato montés registradas cada año, según las conclusiones de un estudio internacional, que ha evaluado los factores que influyen en su supervivencia y que ha aportado datos clave para reducir los atropellos en carreteras, principal causa de mortalidad de los gatos monteses, como la caza furtiva y la fragmentación de su hábitat natural.

Las poblaciones europeas de este félido, protegido por el Convenio de Berna y por la Directiva Hábitats de Unión Europea, están amenazadas por la fragmentación de los hábitats, la baja disponibilidad de presas, la hibridación con el gato doméstico y, sobre todo, la mortalidad directa causada por el ser humano.

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