El cocodrilo de Tumbes, una especie en peligro crítico de extinción, ha encontrado un refugio vital en el norte de Perú, donde más de 300 de estos reptiles están siendo protegidos por un programa de conservación diseñado para asegurar su supervivencia.
Enfrentando amenazas como la caza ilegal, la contaminación y la pérdida de su hábitat natural, el centro de conservación se ha transformado en un pilar esencial para la recuperación de esta especie tan emblemática de la región.
El Centro Tuna Carranza alberga más de 300 cocodrilos de Tumbes, desempeñando un papel crucial en la prevención de su extinción en el país.
Los cocodrilos de Tumbes luchan por su supervivencia frente a amenazas devastadoras como los cazadores furtivos y la minería, que han afectado gravemente su hábitat.
Debido a la escasez de peces en los contaminados ríos, estos depredadores se ven obligados a acercarse a áreas urbanas en busca de alimento, creando tensiones con la población local.
El Centro de Acuicultura Tuna Carranza, ubicado en Puerto Pizarro, Tumbes, alberga actualmente 321 cocodrilos de Tumbes (Crocodylus acutus), distribuidos en varios corrales.
Establecido en 1996 con 40 ejemplares capturados, el centro ha sido un referente en conservación, investigación y educación desde entonces.
Clasificados como en peligro crítico en Perú, los cocodrilos están protegidos bajo el Apéndice I de CITES, que prohíbe su comercio internacional.
La caza ilegal para la obtención de piel y carne y la disminución de su hábitat por la agroindustria son amenazas significativas para estos animales.
Cocodrilos de Tumbes en peligro de extinción
La contaminación del río Tumbes por minería reduce la disponibilidad de peces, afectando toda la cadena trófica del ecosistema.
La escasez de peces no solo impacta a los cocodrilos, sino también a otras especies de aves que dependen de ellos.
Este desequilibrio obliga a los cocodrilos a desplazarse cerca de asentamientos humanos o hacia el océano, aumentando los riesgos para ellos y para las comunidades locales.
A pesar de las dificultades, los esfuerzos de conservación están mostrando resultados positivos, con avistamientos más frecuentes de cocodrilos en zonas que anteriormente no los albergaban.
No obstante, el reciente decomiso de crías destinadas al tráfico ilegal demuestra que las amenazas aún persisten, haciendo que la recuperación sea frágil.
En el centro, se emplean protocolos específicos para el cuidado de los cocodrilos desde su nacimiento, incluyendo dietas personalizadas y análisis veterinarios detallados.
Los cocodrilos jóvenes reciben comidas adaptadas a su crecimiento, mientras que los adultos son alimentados con pollo y pescado, junto con suplementos vitamínicos.
El centro también realiza estudios de comportamiento y monitoreo del agua, convirtiéndose en un punto clave para la investigación científica.
Con el centro operando a plena capacidad, la reproducción en cautiverio ha sido detenida, lo que frena los esfuerzos para aumentar la población.
El comportamiento territorial de los cocodrilos adultos significa que necesitan espacios amplios, lo que complica el incremento poblacional sin una expansión de las instalaciones.
El mantenimiento del centro cuesta cerca de 150.000 dólares anuales, una inversión cubierta por Fondepes.
Una propuesta para transferir la gestión al Gobierno Regional de Tumbes está actualmente detenida por problemas administrativos.
Aunque hay más cocodrilos en libertad que en décadas anteriores, el tráfico de crías sigue empañando estos logros. La falta de espacio y fondos necesarios impide la reproducción asistida.
El cocodrilo de Tumbes en peligro crítico representa un reto y una oportunidad para la biodiversidad peruana. Su futura supervivencia depende de continuar y ampliar los esfuerzos de conservación actuales.



