El ave más grande del mundo vive entre la amenaza y el desinterés

El avestruz le gana el título de más grande, pero no vuela. Varias amenazas lo asedian y, aunque hay intentos aislados de investigarlo, para ver cómo se le protege, poco se ha avanzado al respecto. Se estima que hay 500 individuos entre las fronteras de Perú. El Estado no hace nada al respecto.

 
En el cielo, esta imponente ave extiende sus largas alas, sin agitarlas. Solo las abre libremente y las corrientes de aire le ayudan a planear por los cielos, mientras la sombra de su vuelo se dibuja abajo, en tierra, donde mandan los humanos. 
 
Lo penoso se produce después, cuando el cóndor es capturado. Los comuneros lo cogen de las alas, lo levantan en tierra y lo llevan a rastras. El animal, con sus patas no aptas para la caminata, avanza entre hierbas y empedrados. 
 
En ese momento, todo el esplendor del cóndor andino se derrumba. Avanza torpemente, como si un destino cruel le señalara el camino. El ave, que antes gobernaba los cielos, pierde su señorío, su vigor, y es empujado sin misericordia para el rito del Yawar Fiesta.
 
Este es un conflicto constante, silencioso, intenso, que los anteriores gobiernos no quisieron ver, y el actual tampoco, entre una fiesta tradicional andina y la sobrevivencia de una especie, símbolo del Perú y de varios países de América. El Yawar Fiesta se ha convertido en una de las principales amenazas para esta ave cuyo nombre científico es Vultur gryphus. 
 
‘Yo no sé si deban prohibir el Yawar Fiesta porque puede tener implicancias sociales, ya que es una fiesta con tradición, enraizada en las sociedades andinas. Pero pienso que los derechos tradicionales de las comunidades terminan cuando se ponen en riesgo los derechos nacionales’. 
 
El que reflexiona es el investigador Renzo Piana, con estudios en Copenhague, Dinamarca y en Manchester, Inglaterra. Entiende que se deben buscar alternativas si se determina que el Yawar Fiesta tienen impacto negativo sobre los cóndores. Se les libera al final de la fiesta, pero sin saber qué daño se les causa.
 
‘¿Hay un maltrato físico? Por supuesto. Es un cóndor amarrado a un toro, un cóndor que va a recibir estrés, un cóndor que se le va a afectar los músculos, los ligamentos, las patas. ¿Hay un daño ecológico? Si se trata de un cóndor con nido o pichón, no se sabe cómo será su comportamiento una vez liberado, si regresará al nido, si volverá a alimentar a su pichón… Y hay que multiplicar esos efectos por los 40 Yawar Fiesta que se realizan al año en las regiones sur y centro de los Andes; es decir, hay una gran presión sobre la especie a nivel poblacional’.
 
Es cierto, impulsada por el turismo y la globalización, la tradicional fiesta se ha multiplicado. Para la ecóloga Jacqueline Liza, esto está llegando a extremos. ‘Si en la década de los 60 se contaban 3 de esas fiestas al año, ahora superan 40. Ahora van a inaugurar un colegio, lo celebran con Yawar Fiesta, una canchita de fútbol igual, y hay ocasiones que usan hasta 5 cóndores por celebración… Es lamentable porque la población en el país alcanza los 500 individuos, cuando en Argentina y Chile pasan los 2.500. Allá sí se están efectuando programas de conservación’.
 
Que el turismo incentiva a la depredación lo demostró Rob Williams, director de la Sociedad Zoológica de Frankfort en el Perú, y otros  investigadores de esta entidad. Ellos pusieron al descubierto el tráfico de plumas y huesos de cóndores en las zonas turísticas de Cusco y el Valle Sagrado. 
 
De 500 establecimientos visitados se detectó la actividad ilegal en 26 de ellos. Se encontraron artesanías a precios de hasta 650 soles (si contaban con 6 plumas principales). Había plumas de cuerpo, pequeñas, a 5 soles, y plumas primarias principales, a 160 soles. Al equipo investigador le ofrecieron incluso un cóndor completo por 2.500 soles. 
 
En aquella pesquisa se hallaron 344 plumas de cóndor, incluyendo 36 plumas principales, 58 secundarias, 7 plumas terciarias, 9 de la cola, ‘también 23 alas completas y 2 cóndores muertos enteramente’.
 
Otro peligro es que también las plumas y huesos de cóndor se usan para la medicina alternativa y las ceremonias de los chamanes. Estos aseguran que limpian las energías negativas y las usaban para terapias de curación. ‘Usamos las plumas de cóndor, decían los chamanes, solo ‘a pedido’, con anticipación’. Todo un negociado que las autoridades nacionales y locales no han enfrentado. ‘Si no se toman acciones inmediatas, la próxima generación de cóndores nacidos en el Perú podría ser la última’, advirtió el investigador Williams.
 
En el país, además, nadie sabe cuál es el porcentaje de sobrevivencia de los pichones porque, en realidad, poco se investiga sobre el cóndor. Solo existen esfuerzos individuales; ningún interés del Estado por saber más de esta ave que puede vivir hasta los 70 años. 
 
Agrega Piana: ‘Debe haber interés del Estado por investigar al ave, pues solo se puede  conservar lo que se conoce. Por ejemplo, hay alternativas al Yawar Fiesta. Que la gente compre su cóndor en un criadero y no use uno natural. O que, antes y después del rito, se analice cómo queda. Y al liberarlo hacerle seguimiento con rastreo satelital. Hay que saber el impacto que sufre’.
 
Es una lucha terrible la de esta gran ave. Imponente, bella, majestuosa en los cielos. Humillada, cuando es obligada a ir por tierra. 

La República Perú

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