La temporada de caza de ballenas volvió a ponerse en marcha en Islandia luego de dos años sin actividad, una decisión que reavivó la discusión internacional sobre la protección de los cetáceos y la conservación de los ecosistemas marinos.
Dos embarcaciones partieron durante el fin de semana desde puertos islandeses para retomar una práctica que el país mantiene junto con Noruega y Japón, las únicas naciones que continúan autorizando la captura comercial de ballenas.
La medida llega en un contexto de creciente presión ambiental y de cambios en la percepción pública sobre el valor ecológico de estas especies, consideradas fundamentales para el equilibrio de los océanos.
Además, organizaciones conservacionistas y grupos defensores de los animales volvieron a manifestarse para reclamar el fin definitivo de esta actividad.

Un sector en crisis que intenta recuperar actividad
La reanudación de la temporada ocurre después de dos años marcados por la incertidumbre. En 2024, las autoridades islandesas retrasaron la autorización para la caza hasta más allá del inicio previsto de la temporada.
Finalmente, aquella campaña quedó suspendida en medio de un intenso debate nacional sobre el bienestar animal y la sostenibilidad de la actividad.
Posteriormente, durante 2025, las propias empresas vinculadas al sector concluyeron que la operación no sería rentable debido a las dificultades económicas que atravesaba la industria ballenera.
Sin embargo, en 2026 las embarcaciones volvieron a zarpar, lo que permitió el reinicio formal de las capturas en aguas islandesas.
Protestas y cuestionamientos a la actividad
El regreso de los barcos no estuvo exento de controversias. Uno de los buques balleneros, el Hvalur 9, abandonó el puerto de Reikiavík con un activista instalado en su mástil como forma de protesta.
La acción replicó manifestaciones similares registradas años atrás y volvió a poner en primer plano el rechazo de numerosos sectores de la sociedad a la caza comercial de cetáceos.
Paralelamente, la organización Hvalavinir, conocida como Amigos de las Ballenas, convocó nuevas movilizaciones en Reikiavík para reclamar el cierre definitivo de la actividad.
Mientras tanto, el debate también alcanzó el ámbito político, donde distintos sectores impulsan restricciones más severas para proteger las poblaciones de ballenas del Atlántico Norte.

Por qué Islandia suspendió la temporada de caza de ballenas
La interrupción de la actividad en 2024 estuvo relacionada con cuestionamientos sobre el impacto de la caza en el bienestar de los animales y con la necesidad de revisar los métodos utilizados por la industria.
Además, las autoridades evaluaron estudios científicos que planteaban preocupaciones sobre el sufrimiento provocado durante las capturas y la necesidad de fortalecer los estándares de protección animal.
Posteriormente, la situación económica del sector también influyó en la falta de actividad durante 2025, cuando las empresas consideraron que la temporada resultaría financieramente inviable.
Estos factores contribuyeron a una pausa de dos años que muchos grupos ambientalistas interpretaron como una oportunidad para avanzar hacia la prohibición definitiva.
Menores cuotas y perspectivas de conservación
Este año, el Instituto de Investigación Marina de Islandia recomendó reducir en aproximadamente un 20% las cuotas de captura autorizadas.
Las sugerencias establecen un límite de 150 ejemplares de rorcual común y 168 individuos de rorcual aliblanco o minke, debido a evaluaciones que reflejan poblaciones inferiores a las estimadas anteriormente.
Por otra parte, el gobierno islandés analiza nuevas medidas regulatorias. La ministra de Industria y Comercio, Hanna Katrín Friðriksson, anunció la intención de impulsar un proyecto legislativo destinado a prohibir la caza comercial de ballenas.
De concretarse esa iniciativa, Islandia podría sumarse a la creciente lista de países que priorizan la conservación de los cetáceos, especies esenciales para la salud de los océanos por su papel en el ciclo de nutrientes, el almacenamiento de carbono y el mantenimiento de la biodiversidad marina.



