El domingo 21 de junio de 2026, apenas dos días después de que las embarcaciones zarparan desde Reikiavik, Islandia mató a dos ballenas fin, el segundo animal más grande del planeta después de la ballena azul. Las imágenes difundidas por la radiotelevisión pública RUV y organizaciones ambientalistas muestran a los barcos arrastrando los cuerpos de los cetáceos, lo que marcó el reinicio de la caza comercial tras dos años de suspensión.
La temporada 2026 autoriza la captura de hasta 150 rorcuales comunes y 168 ballenas minke, con vigencia hasta septiembre.
Contexto y antecedentes
Islandia había suspendido la actividad en 2024 y 2025 por problemas económicos y baja demanda, lo que volvió poco rentable al sector. Sin embargo, junto con Noruega y Japón, sigue siendo uno de los tres países que permiten abiertamente la caza de ballenas, pese a la moratoria de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) de 1986.
El Instituto de Investigación Marina y de Agua Dulce recomendó reducir las cuotas respecto al período 2018–2025:
- 150 ballenas fin (28% menos).
- 168 ballenas minke (23% menos).
Protestas y rechazo internacional
La reanudación de la caza generó protestas locales e internacionales:
- Activismo ambiental: la fundación del capitán Paul Watson difundió videos de las primeras capturas, llamando a rechazar la actividad.
- Bienestar animal: un informe de la Autoridad Alimentaria y Veterinaria islandesa determinó que la caza incumple la Ley de Bienestar Animal, ya que muchas muertes son prolongadas y dolorosas.
- Impacto turístico: menos del 2% de los islandeses consume carne de ballena; el principal mercado es el turismo en restaurantes y la exportación a Japón. Organizaciones promueven el ecoturismo y la observación de ballenas como alternativa sustentable.

Aislamiento internacional y falta de apoyo local
La decisión reafirma el aislamiento de Islandia junto a Noruega y Japón, los únicos países que ignoran la moratoria internacional.
Encuestas internas revelan que más de la mitad de la población islandesa rechaza la emisión de licencias de caza, lo que refleja la falta de apoyo social a la práctica.
El futuro de la caza en Islandia
El gobierno islandés evalúa un proyecto de ley para prohibir definitivamente la caza de ballenas antes de fin de año, debido a la falta de rentabilidad económica y el daño a la reputación turística del país. La presión social y política es extrema, y el debate enfrenta la conservación ambiental con las cuotas aprobadas por las autoridades pesqueras.
El reinicio de la caza de ballenas en Islandia reaviva una polémica global que enfrenta tradición, intereses económicos y conservación ambiental.
Mientras las primeras capturas ya generan rechazo internacional, el futuro de la práctica parece cada vez más incierto en un país donde la mayoría de la población no consume carne de ballena y donde el turismo depende de la imagen de respeto hacia la naturaleza.



