Mar del Plata: construyen cuchas para perros de la calle

Tres pallets, siete bolsas de alimento balanceado vacías, un puñado de tornillos y mucha destreza pueden convertirse en un refugio para perros. Al menos, así lo planificaron y concretaron cuatro proteccionistas de Mar del Plata que en marzo pasado, tras una charla de amigos, inauguraron el proyecto “Casitas callejeras”.

Del grupo de trabajo, tres son mujeres proteccionistas de animales que se dedican a recibir y filtrar los pedidos y el restante es Marcelo, el encargado de la mano de obra. “Es un proyecto solidario, específico y enfocado”, aclara el hombre de 59 años que trabaja como jardinero y destina varias horas de su día a la confección y armado de los refugios que luego se entregan de manera gratuita. Es que las “Casitas callejeras” fueron pensadas exclusivamente para perros sin dueño ni techo, que merodeen en la calle.

Si bien advierten que se trata de una iniciativa a pequeña escala, lo cierto es que hasta el momento distribuyeron casi medio centenar de cuchas en los barrios El Martillo, Puerto, Centenario, Camet, Jorge Newbery, Belgrano, Regional, Santa Elena, Belisario Roldán, Félix U. Camet, Lomas del Golf, Las Dos Marías, Malvinas Argentinas, Coronel Dorrego, Villa Lourdes, Constitución y San Juan, entre otros.

A cambio de las casitas, Marcelo y sus compañeras -que prefieren mantener sus identidades en reserva-, sólo piden que quien las haya solicitado se haga responsable de su cuidado, ya que quedan ubicadas sobre la vereda. Por eso, incluso, buscaron que el diseño de las cuchas sean poco atractivas y pesadas para que nadie se tiente y se las lleve.

“Cada cuchita lleva tres pallets que forman un triángulo: uno entero en la base y los otros dos, desarmados. Es un modelo de cucha que me resultó práctico porque no es demasiado linda para que se las roben y es lo suficientemente amplia para que entre cualquier perro”, contó Marcelo, que en el último tiempo se había empezado a dedicar a hacer artesanías en madera y que, aunque no se define como proteccionista, llegó a tener en su casa doce perros y su manada actual tiene ocho integrantes; la mayoría, viejitos.

“Son los que nadie quiere pero son súper buenos y adaptables, aunque es cierto que demandan más atención: hay que llevarlos seguido al veterinario y hacer el duelo cuando mueren, que es lo más duro”, señaló.

Apenas lanzaron la idea a través de las redes sociales, en la fan page de Facebook de “Cuchitas callejeras” se multiplicaron los pedidos. Sin embargo, se mantuvo el plan original de privilegiar a los perros callejeros por sobre aquellos canes que tienen dueño. “Uno entiende que haya gente que tiene dificultades económicas pero no puedo hacer cuchas para cada esquina”, apuntó Marcelo, que se ocupa de recolectar el material, construir las cuchas y llevarlas a destino.

Construir cada casita le lleva a Marcelo no menos de tres horas. Primero arma la estructura con las maderas y luego las recubre con el nylon. El ensamblaje lo hace en el lugar en el que quedará asentada, ya que es la única manera que tiene de trasladarla a bordo de su Kangoo. Esta última tarea le demanda otros 30 minutos.

El emprendimiento se sostiene gracias a la donación de pallets que realiza una empresa, la solidaridad de un pet shop que aporta bolsas de 15 ó 20 kilos de alimento para recubrir la estructura y a la maña que se da Marcelo con las herramientas. Pero hay otra parte que -la mayoría de las veces- corre por cuenta propia: la compra de los tornillos y las grampas, además del combustible que gasta cada vez que debe ir a retirar las maderas o entregar las cuchas. “El proyecto arrancó con plata mía y recibimos algunas donaciones, pero hubo cinco meses en los que no entró un peso. Se nos complicó un poco por la falta de materiales pero tratamos de seguir adelante. Quienes estamos acostumbrados a vivir en un mundo de pelos, caca, pis y lavandina, sabemos que estos esfuerzos siempre valen la pena”, sentenció.

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