Nación Comcaac: el grupo indígena que está salvando a las tortugas marinas en el noroeste de México

Su padre siempre le habló de las tortugas marinas. Mayra Estrella recuerda que creció oyendo los relatos que narraban el vínculo entre un par de estas especies y la propia historia de existencia de la Nación Comcaac, el pueblo indígena al que ambos pertenecen. “Estamos conectados a ellas de alguna forma: más la Laúd, pero la Verde igual, porque ella formó la Tierra en nuestro cuento”, dice aludiendo a la cosmovisión de sus ancestros.

Mayra Estrella tiene ahora 39 años y ha entregado 23 al trabajo con estos reptiles o quelonios marinos. Por eso la llaman cariñosamente “Mamá tortuga”. Sus compañeros y la gente de la comunidad El Desemboque de los Seris –Haxöl Iihom, su nombre original en la lengua de los comcaac, el cmiique iitom– empezaron a llamarla así al ver el amor que le tiene a cada animalito que ve salir del corral de anidación en el Campamento Tortuguero, ubicado entre el desierto y el mar del municipio de Pitiquito, Sonora, al noroeste de México.

Este campamento se creó para asegurar la vida de las tortugas en los océanos. No solo porque están seriamente amenazadas sino por lo que representan para los comcaac. Por eso Mayra Estrella junto a un grupo de 20 personas –entre familia y amigos– trabaja acciones encaminadas a proteger a las hembras y los nidos que dejan en las playas de su territorio ancestral, para lograr así un mayor número de crías que permitan la continuidad de esta especie.

“Cuando las veo irse al mar, lloro, me pasa todos los días”, dice Estrella. En los últimos cinco años ha sido testigo del crecimiento del número de nidos y de crías liberadas, con más de 8000 ejemplares de tortuga golfina (Lepidochelys olivacea) enviadas a las aguas del Golfo de California, un conteo que podría cerrar con unas 3000 crías más hacia finales de noviembre de 2021.

Tortuga Laúd: el hermano del pueblo comcaac

“A mi papá le gustaba mucho platicarme de sus historias, las canciones y los cuentos de los ancestros”, agrega Estrella, “él me contó que la tortuga laúd (Dermochelys coriacea) antes de convertirse en esa especie, fue un hombre, una persona igual que nosotros, que sentía dolor, calor y hambre”.

Más que un animal sagrado, la tortuga laúd –una especie que puede llegar a medir hasta 2 metros y pesar hasta 900 kilos– para los comcaac es considerada un hermano. En la historia, narra Estrella, la tortuga fue un cmiique como ella, es decir, un integrante más de la tribu. Vivió maltratos y desprecios y por eso decidió irse al mar, donde se convirtió en el reptil de color negro y con siete largas rayas que atraviesan su caparazón o carapacho de la cabeza a la cola. Cuatro días después de su desaparición entre las aguas, volvió convertido en animal. Su padre, que era un poderoso chamán, lo supo de inmediato, aún cuando la tortuga no podía expresarse en palabras: era su hijo.

“Por eso, cada vez que una laúd llega a la playa y se da un avistamiento, hacemos cuatro días de fiesta, eso nos vuelve a conectar con él”, continúa la lideresa del Grupo Tortuguero Comcaac. “En la tradición, decoramos a la tortuga con pintura azul, roja y blanca –los colores de nuestra bandera– con zigzags; antes la teníamos los cuatro días, pero ahora ya no hay que retenerla porque nos metemos en problemas: chocaría la ley de nosotros con la ley mexicana”.

Pero hace siete años que no ven a ninguna laúd por aquella zona. Unos años antes de ese avistamiento, en 2011, lo que encontraron fue un caparazón vacío al que de cualquier forma le hicieron su ceremonia. De acuerdo con los registros de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) del Gobierno de México, esta es una de las tortugas más amenazadas en el mundo y cuenta con varias clasificaciones: en Peligro Crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en Peligro de Extinción por la NOM 059 SEMARNAT 2010 y figura en el Apéndice I de la Convención Sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

“Las tortugas marinas son las responsables de la salud del océano”, dice Estrella, “también de mantener un equilibrio en el ecosistema y que el mar esté limpio y nítido. Por eso debemos protegerlas y evitar el consumo de huevos: su protección y conservación es tarea de todos nosotros”.

Trabajar con recursos limitados

Mientras espera el regreso de alguna laúd, Mayra Estrella se encarga del resto de tortugas que llegan a desovar en los 11 kilómetros de las playas Mancha Blanca y los 3 kilómetros de El Faro. Por las noches, cuando las hembras terminan de depositar sus huevos y regresan al mar, el equipo tortuguero los recoge y los lleva al campamento para protegerlos de los coyotes (Canis latrans), sus depredadores naturales en el desierto.

Sus jornadas de trabajo se extienden hasta por doce horas: desde las cinco de la tarde –hora en la que inician con los preparativos de las cuatrimotos, radios y resto del equipo– hasta las cinco de la mañana, cuando terminan de resguardar los huevos.

Si bien los tortugueros del pueblo comcaac, como llaman a los guardianes de las tortugas, se han instruido en cursos y capacitaciones con el gobierno y organizaciones, ellos empezaron su labor de conservación como un grupo autodidacta y autogestionario. “Los chicos, un día, se pusieron a ver tutoriales de YouTube y ahora manejan un dron para monitorear la zona”, narra Estrella.

Con el paso del tiempo, empezaron a recibir un financiamiento de parte del estado para las temporadas de anidación, aunque Mayra Estrella sostiene que “el trabajo les gana a los recursos, porque [los fondos] se cortan antes de tiempo”. Explica que ahora mismo están “trabajando sin un peso” y que eso no los detiene porque aman su trabajo. “La temporada inicia con los recorridos de prospección en mayo, pero oficialmente empezamos a trabajar a mediados de julio y terminamos a mediados de octubre, luego seguimos con las liberaciones hasta noviembre; el recurso se termina en septiembre”.

Germán Barrera trabaja en la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp). Es analista de Áreas Naturales Protegidas (ANP) y responsable técnico del proyecto tortuguero comcaac, donde funge como enlace entre la nación indígena y este órgano ambiental del gobierno. Comenta que, a pesar de que el recurso se acaba antes –son 450 mil pesos por año (unos 22 mil USD) y donde el 60 % se usa para el pago de jornales–, han hecho esfuerzos para que las condiciones mejoren y el recurso, cuando menos, se mantenga. Sin embargo, reconoce que el equipo de la Nación Comcaac mantiene sus labores sin poner el dinero como una limitante, aun cuando la situación del pueblo –que vive mayormente de actividades pesqueras– es precaria.

“A nosotros nomás nos alcanza para pagarles 60 días, pero han continuado mucho tiempo más”, dice Barrera. “Entre 2010 y 2011 que no les dieron recurso, hacían sus actividades a pie, la playa mide 14 kilómetros y se distribuían en diferentes puntos para la protección de nidos a pie. No ha habido un año, desde el inicio, que no realicen las actividades. El año pasado pudo ser más productivo pero, con la pandemia, se infectaron varios del equipo y su cuarentena afectó los recorridos”.

Barrera ha observado algo particular en la dinámica de la Nación Comcaac con las tortugas marinas, especialmente con la Prieta o Verde (Chelonia mydas): de ser una especie que le sirvió al pueblo como alimento para sobrevivir en el desierto hace cientos de años, hoy existe una nueva conciencia sobre su conservación en el territorio ancestral y que ha sido precisamente promovida por Estrella y su equipo, unido a la veda permanente impuesta desde 1990 por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la autoridad ambiental en México.

“El impacto es muy positivo, no puedo decir que ya no consumen la ‘caguama’, como se le conoce”, explica Barrera, “pero para ellos, como comunidad indígena, siempre fue una especie aprovechada que les permitió persistir en condiciones hostiles, en las sequías prolongadas. Algo muy bonito es que, cuando se percatan de que la especie está en riesgo –las cinco especies distintas que se dan en el Golfo de California– ellos cuentan que hicieron un pacto: si la caguama les permitió persistir en el tiempo, les dejó sobrevivir porque el desierto es exigente, pues ahora ellas y ellos dejarán sobrevivir a las tortugas”.

¿Y cómo no hacerlo? Se pregunta Mayra Estrella, si esta misma especie de tortuga marina es la que, en la tradición comcaac, ayudó a Hant Caai –el creador de la Tierra– a traer arena con sus aletas desde el fondo del mar para formar todo lo que conocemos.

Incluso la propia Estrella se ha visto obligada, en algunas oportunidades, a pagar dinero de su bolsa para recuperar a una tortuga. Los pescadores de la zona ocasionalmente las encuentran en sus redes y las venden hasta por 100 pesos (menos de 5 USD) para su consumo, sobre todo en el verano, temporada donde no hay mucho trabajo en el mar.

“Varias veces me ha tocado pagar por las tortugas”, cuenta. “Una vez, hace como ocho años, tuve que comprar a ocho tortugas: como pude, pague 2 mil pesos (97 USD) para que me las entregaran. Fue una locura, pero me encantó hacerlo. Son personas de la comunidad, pescadores y yo dije: ‘las recupero porque las recupero’”.

Tejer redes para salvar a las tortugas marinas en México

El Grupo Tortuguero de la Nación Comcaac pertenece a la red nacional del Grupo Tortuguero de las Californias A.C. donde Karen Oceguera –bióloga marina e investigadora– es representante de más de 50 equipos a lo largo de nueve estados de la República. Ella ha acompañado, desde hace 12 años, el proceso de los tortugueros comcaac en playas de anidación, con capacitaciones para trabajar en estas zonas y con la gestión de permisos ante la autoridad ambiental, pues hasta antes de 2010, trabajaban únicamente con monitoreos de las distintas especies en el agua.

“Hace años que no vemos una laúd, pero la que sí vemos y que ha incrementado gracias al esfuerzo de conservación es la golfina, la más común de toda la región noroeste de México y parte del Pacífico”, explica Oceguera. “Está en peligro de extinción según la NOM 059 de México, sin embargo, es una especie que está en categorías internacionales como Vulnerable y ya no está tan En Peligro, creo, gracias al trabajo de muchos años, de muchos grupos de la comunidad, como los comcaac, en este caso”.

Oceguera señaló que, además, gracias al trabajo sistemático de la Nación Comcaac, se han logrado datos estandarizados a nivel nacional que ayudan a la comunidad científica y a la Conanp y Semarnat a tener un registro fidedigno sobre las tortugas marinas.

“No es anecdótico, sino formal”, agregó. “La Conanp dice que hace 10 años se tenían entre cuatro y siete nidos por temporada [en el territorio de los comcaac], ahora vemos más de 50 o 60: eso no se veía antes y eso le dice a las autoridades que, lo poquito que puede dar como gobierno con estos apoyos a las comunidades, está rindiendo sus frutos”.

Mayra Estrella sueña con tener una Casa de la Tortuga, es decir, un espacio donde compartir sus conocimientos en materia de conservación de las tortugas marinas con su propia comunidad y con las personas visitantes. Por eso ideó y formalizó el proyecto que, este año, está por comenzar su primera etapa de construcción con el apoyo de la Conanp.

“Siempre seré tortuguera”, concluye, “mi equipo es muy capaz, pero siento que nadie más lo va a hacer si yo no estoy; nadie se atrevería, por ejemplo, a comprar tortugas para salvarlas. Yo quiero seguir siendo su defensora, hasta que la vida me dé permiso”.

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