Los pingüinos del hemisferio sur no solo luchan contra el calor o el deshielo.
Un estudio internacional revela que también están siendo atacados por una combinación de fenómenos climáticos extremos que actúan simultáneamente.
Además, el análisis insta a la ciencia a cambiar su enfoque si quiere evitar su extinción.
Los peligros que amenazan a los pingüinos del hemisferio
Durante años, los científicos analizaron por separado los efectos del calor, las lluvias o los vientos sobre los ecosistemas. Pero la realidad es más compleja.
Un equipo liderado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), en colaboración con el Laboratoire LOCEAN-IPSL y Phillip Island Nature Parks, demostró que lo que realmente amenaza a los pingüinos del hemisferio sur es la suma de todos estos eventos.
La investigación, publicada en Global Change Biology, analizó los hábitats de las 18 especies de pingüinos del hemisferio sur.

Los resultados muestran que las olas de calor marinas, las lluvias torrenciales, los vientos extremos y las sequías no actúan aislados, sino que se refuerzan entre sí.
«Los fenómenos climáticos extremos se distribuyen de forma desigual, y ahora sabemos qué regiones representan los mayores riesgos para los pingüinos», explica Camila Artana, investigadora del LOCEAN-IPSL.
Las especies más vulnerables de pingüinos ya sufren el impacto
El estudio también identificó a las especies más afectadas:
- el pingüino africano;
- el pingüino de Snares;
- el pingüino emperador;
- el pingüino Adelia;
- el pingüino Galápagos
Estas poblaciones ya experimentan impactos combinados que afectan su reproducción, alimentación y capacidad de adaptación.
«El hábitat de los pingüinos no se ve afectado por un solo evento extremo, sino por la interacción de muchos«, afirma Miriam Gimeno, del ICM-CSIC y autora principal del estudio.
Debido a esto, los investigadores proponen un enfoque de conservación basado en la gestión adaptativa.
¿Qué significa esto? Reconocer que el clima cambia constantemente y que las políticas deben actualizarse al mismo ritmo.

El modelo se estructura en tres pasos:
- identificar áreas prioritarias donde la exposición a fenómenos extremos es alta o crece rápidamente;
- integrar factores humanos locales como la pesca, el turismo o el desarrollo costero que amplifican los efectos del clima; y
- aplicar una gestión flexible capaz de reajustar las acciones conforme surjan nuevos datos.
Entre las medidas concretas, destacan el refuerzo de las regulaciones pesqueras, la protección de zonas de cría y la restauración de hábitats costeros.
La ventana de acción para cuidar a los pingüinos se cierra
«Identificamos las especies y regiones más amenazadas, pero también las oportunidades para intervenir de inmediato», explica Andre Chiaradia, de Phillip Island Nature Parks.
«Una gestión proactiva, con decisiones basadas en datos y territorio, es esencial para mantener la biodiversidad del hemisferio sur», agrega.
Los autores advierten que los retrasos en la acción política y científica podrían convertir la amenaza actual en un punto de no retorno.
Las conclusiones del estudio van más allá de los pingüinos: entender los efectos combinados del clima extremo será crucial para proteger otros animales marinos, desde lobos marinos hasta aves costeras.
Los pingüinos son indicadores vivos de la salud oceánica. Su declive refleja el desequilibrio del planeta y la urgencia de actuar.



