Por qué las ballenas jorobadas son claves para los ecosistemas marinos

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Las ballenas jorobadas juegan un papel crucial en la restauración de nuestros ecosistemas a través del secuestro de carbono. Este fenómeno ha sido destacado en varios estudios científicos y plataformas informativas, que subrayan la importancia de estos cetáceos en la regulación del medio ambiente marino.

La historia de la recuperación de las ballenas jorobadas en Vancouver es un ejemplo positivo de cómo la intervención humana a través de la prohibición de la caza comercial de ballenas en 1986 ha permitido una notable recuperación de estas poblaciones.

“Estaban cazando estas grandes ballenas casi hasta su extinción y luego se prohibió la caza comercial en 1986, y desde entonces hemos comenzado a ver lentamente que varias poblaciones de grandes ballenas comienzan a aumentar”, destacó Devas, un reconocido documentalista.

En particular, las ballenas jorobadas que visitan Telegraph Cove en la isla de Vancouver han mostrado un significativo incremento. “Hace 20 años vi tres ballenas jorobadas en una temporada, pero ahora he visto más de 100 llegar a estas aguas”, comenta la científica Jackie Hildering.

Además de su impresionante recuperación, estas ballenas también desempeñan un papel vital en el secuestro de carbono.

“Cada ballena jorobada equivale a unos 30.000 árboles por la cantidad de carbono que secuestra de la atmósfera”, señala Devas. Esto se debe a que al alimentarse y defecar, esparcen nutrientes esenciales como el hierro en la superficie del océano, lo cual fomenta el crecimiento del fitoplancton, pequeñas algas que son fundamentales en la absorción de dióxido de carbono (CO2).

Este proceso, además ayudar a mitigar el cambio climático, también mejora la productividad marina, beneficiando a una amplia variedad de especies marinas.

La importancia del excremento de ballena en el ecosistema es considerable. “El excremento de ballena tiene alrededor de 10 millones de veces la cantidad de hierro que se encuentra en el agua de mar de la Antártida”, subraya un estudio de Nature. Al depositar este hierro, las ballenas facilitan florecimientos de fitoplancton, que a su vez secuestran grandes cantidades de CO2.

Estos florecimientos son esenciales para mantener la salud de los océanos y por ende, del planeta. Savoca y su equipo encontraron que una ballena azul adulta del Pacífico norte oriental probablemente consume 16 toneladas de krill diarias durante su temporada de alimentación, lo que resalta la vasta cantidad de nutrientes redistribuidos a través de su excremento.

El rol de las ballenas como recicladoras de nutrientes también fue abordado en un taller sobre “El rol de los cetáceos en el funcionamiento de los ecosistemas”, organizado en el Congreso Internacional de Biología de la Conservación en Cartagena, Colombia, en 2017.

Este taller enfatizó la necesidad de integrar las funciones ecológicas de los cetáceos en las políticas de conservación globales. Aquí se estableció que las funciones de estas ballenas van más allá de la simple caza o ecoturismo, que se destaca en su papel en la fertilización del océano y la mitigación del cambio climático.

En sus migraciones, las ballenas jorobadas transportan nutrientes desde las áreas de alimentación en las aguas frías del Ártico y el Antártico hacia las zonas tropicales y subtropicales donde se reproducen.

Este fenómeno, conocido como “bomba de ballenas”, asegura que los nutrientes esenciales no se pierdan en las profundidades oceánicas, sino que permanezcan en la superficie, accesibles para una amplia gama de organismos marinos.

Restaurar las poblaciones de ballenas jorobadas a niveles previos a la caza industrial implicaría una mejora sustancial en los ecosistemas oceánicos.

Según Nicholas Pyenson, comisario del departamento de fósiles marinos del Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian, “Nuestros resultados dicen que si restauramos las poblaciones de ballenas a los niveles previos a la caza de ballenas a principios del siglo XX, restauraremos una gran cantidad de funciones perdidas en los ecosistemas oceánicos”.

Un aumento en la cantidad de ballenas resultaría en más nutrientes disponibles para el fitoplancton y, por ende, en una mayor absorción de carbono.

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