lunes, septiembre 26, 2022

VIDEO: La grabación del corazón de una ballena azul sorprende a los científicos

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Los datos sugieren que el órgano trabaja al límite, lo que puede explicar por qué el cetáceo no es aún más grande.

La emoción al escuchar la frecuencia cardíaca del futuro bebé, algo que ocurre más o menos en la sexta semana de gestación, es indescriptible.

Probablemente, tener entre las manos el primer registro del corazón de una ballena azul, una de las especies más grandes de la Tierra, también lo sea. Desde luego, los científicos que lo consiguieron, de la Universidad de Stanford en California (EE.UU.), debieron de sentirse tan emocionados como padres primerizos.

Además, los datos capturados son sorprendentes. Muestran que el órgano trabaja al límite, lo que explica que estos animales no puedan evolucionar para ser aún más grandes. Y que, al mínimo, late mucho más despacio de lo esperado: solo dos veces por minuto.

El dispositivo de grabación, una colección de sensores electrónicos encerrada en una carcasa de plástico, fue colocada cerca de la aleta izquierda de una ballena en la bahía de Monterey (California). La caja tenía cuatro ventosas para garantizar la adherencia a la piel. Dos de ellas llevaban incrustados los electrodos, que pudieron registrar la frecuencia cardíaca. El cetáceo los llevó durante un día.

«No teníamos ni idea de si esto funcionaría y estábamos escépticos incluso cuando vimos los datos iniciales», afirma Jeremy Goldbogen , profesor de biología en la Facultad de Ciencias Humanas de Stanford y autor principal del artículo. Una vez confirmados, «hubo muchos aplausos y vueltas de honor en el laboratorio».

La gesta, dada a conocer en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) , comenzó con la colocación de la etiqueta, algo que era realmente complicado, ya que había que hacer muchas cosas bien: encontrar una ballena azul, colocar la etiqueta en el lugar correcto de la ballena, lograr un buen contacto con la piel y, por supuesto, asegurarse de que la etiqueta funcionase.

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Acercarla al corazón de una ballena azul salvaje ya supuso todo un reto. Por un lado, las ballenas salvajes no están entrenadas para voltearse boca abajo.

Por otro lado, tienen una piel similar a un acordeón en su parte inferior que se expande durante la alimentación, y uno de esos tragos podría reventar la etiqueta de inmediato. Pero David Cade, coautor del artículo y recién graduado del Goldbogen Lab, pegó la etiqueta en su primer intento. Con el tiempo, se deslizó a una posición cerca de la aleta donde podía captar las señales del corazón.

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