Bio-Brick, el ladrillo «orgánico» cultivado en laboratorio, sin emisiones ni residuos

Bio-Brick: este ladrillo de construcción «orgánico», sin emisiones ni residuos, se cultiva en un laboratorio. La tecnología recibió el reconocimiento nacional tras quedar finalista del Premio James Dyson.

El sector de la construcción es uno de los mayores contaminantes del planeta. Dos estudiantes canadienses han desarrollado un ladrillo de construcción sin residuos mediante el cultivo de bacterias.

La cantidad de opciones ecológicas a disposición de los constructores ahora mismo no es adecuada, no hay suficientes. Las que hay tienen un precio muy elevado, así que la mayoría de la gente, la mayoría de los constructores, no pueden utilizarlas.

Adrian Simone, miembro del equipo de estudiantes de la Universidad de Waterloo que creó el Bio-Brick.

Simone solía trabajar como jefe de proyecto de una empresa de pavimentación de asfalto. Dice que lo que vio en la obra le inspiró para buscar una alternativa más segura para los trabajadores.

«Me di cuenta de que, en pleno verano, muchos de los trabajadores que están colocando el asfalto, de pie frente a este alquitrán fundido a 120 grados y los humos que desprende, tienen efectos horribles en su salud», cuenta Adrian Simone.

En su opinión, el proceso tradicional de fabricación de ladrillos puede provocar enfermedades y lesiones a largo plazo.

¿Cómo funciona?

La tecnología Bio-Brick está aún en fase de prueba de prototipo.

El ladrillo se crea a temperatura ambiente y utiliza bacterias para hacer crecer lentamente un ladrillo en un molde.

Rania Al-Sheikhly, una de las creadoras, afirma que el ladrillo puede cultivarse fácilmente in situ para cualquier proyecto de construcción.

«Las bacterias se pueden cultivar de forma similar a los tanques de fermentación de la cerveza y cosas así, por lo que no tienen que permanecer en un entorno estéril, sólo tienen que poder crecer en un recipiente a temperatura ambiente durante un día o así y luego se pueden utilizar», dice Rania Al-Sheikhly.

Las bacterias se introducen en un caldo nutritivo «del que se alimentan y les permite multiplicarse. Luego tomamos nuestro molde, le ponemos la arena y mezclamos las bacterias. Lo dejamos reposar unas horas, lo escurrimos, añadimos solución y repetimos el proceso durante unos días hasta que se solidifica y se convierte en un ladrillo«.

También puede mezclarse arena reciclada o residuos de demolición para crear el bio-ladrillo, que es tan resistente y asequible como los ladrillos que se utilizan tradicionalmente en las obras de construcción.

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