Investigadoras del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue confirmaron la presencia de la medusa de agua dulce Craspedacusta sowerbii en los lagos Escondido y El Trébol, cerca de San Carlos de Bariloche.
Originaria del río Yangtsé en China, esta especie habitual de aguas cálidas logró adaptarse a ambientes templado-fríos andino-patagónicos, un fenómeno nunca antes documentado en la región.
El hallazgo, publicado en la revista Desde la Patagonia en 2025, marca un hito científico y suma un nuevo desafío para la conservación de la biodiversidad local.
La expansión global de Craspedacusta sowerbii
La medusa comenzó su expansión en el siglo XIX, primero en Europa y luego en América, favorecida por el comercio de plantas y animales acuáticos y el transporte pasivo a través de aves y peces. Hoy se considera una especie cosmopolita, presente en todos los continentes salvo la Antártida.
Su éxito depende de la capacidad de sobrevivir al “viaje”, adaptarse a nuevas condiciones y reproducirse. En Patagonia, la especie demostró una sorprendente habilidad para superar barreras geográficas y climáticas.
Estudio pionero en Bariloche
El equipo de investigación —Sharon Allen Dohle, Mariana Reissig, Patricia García y María del Carmen Diéguez— analizó la presencia, abundancia, tamaño, distribución y dieta de la fase medusa en el lago Escondido.
- Se recorrieron 33 puntos de muestreo con redes de plancton.
- Se capturaron medusas de entre 4 y 67 ejemplares por metro cúbico, con un promedio de 24.
- El tamaño medio fue de 7,1 mm, con ejemplares de hasta 12 mm.
- La dieta se compone en un 96,6 % de crustáceos Bosmina, además de copépodos, rotíferos y larvas de insectos.
Las medusas prefieren zonas iluminadas y cercanas a la superficie, especialmente en días soleados.

Diferencias ambientales y ciclo de vida
El lago Escondido, más transparente y de color ámbar, contrasta con el lago El Trébol, más rico en nutrientes y con menor penetración de luz. En ambos ambientes, la medusa convive con peces nativos y con la trucha arcoíris, especie introducida.
El ciclo de vida alterna entre una fase pólipo —fija y casi invisible— y una fase medusa, libre y observable en verano. La presencia de medusas asegura la existencia de pólipos, lo que significa que la especie puede estar en el lago aunque no se la vea durante gran parte del año.
Ciencia ciudadana y conservación
Las investigadoras recomiendan un monitoreo constante y la participación de la comunidad mediante plataformas como iNaturalist o la cuenta de Instagram @fotolabgesap. El registro ciudadano permite detectar nuevos focos de aparición y conocer mejor la distribución real de la especie.
Este aporte es clave porque la fase medusa es breve y estacional, y puede pasar inadvertida. Cuantos más datos se reúnan, mayor será la capacidad de anticipar impactos ecológicos y tomar decisiones sobre conservación y manejo de los ecosistemas acuáticos patagónicos.
La llegada de la medusa de agua dulce Craspedacusta sowerbii a la Patagonia norte suma un nuevo reto para la biodiversidad regional. Su capacidad de adaptación y dispersión obliga a repensar estrategias de monitoreo y conservación, donde la colaboración entre científicos y ciudadanos será fundamental para enfrentar el desafío de las especies invasoras.



