Las imágenes satelitales de la NASA muestran cómo, desde la década de 1960, el Campo de Dalías en Almería se ha convertido en un inmenso “mar de plástico”.
Lo que comenzó como una técnica para proteger las cepas de uva frente al viento y aumentar la producción derivó en un modelo agrícola intensivo que hoy cubre miles de hectáreas con invernaderos.
El reflejo de la luz solar sobre las lonas plásticas es tan intenso que la región se distingue claramente desde el espacio, generando un paisaje único que combina productividad agrícola y desafíos ambientales.
De la uva al tomate: expansión imparable
La acumulación de plásticos comenzó en los años 60, cuando los agricultores descubrieron que el calor retenido bajo las lonas impulsaba la cosecha de uva de mesa. Tras las lluvias torrenciales de 1973, que arrasaron gran parte de las cosechas locales, los cultivos protegidos sobrevivieron.
Desde entonces, el sistema se expandió a tomates, pimientos, melones, flores y otras producciones, consolidando a Almería como un referente mundial en agricultura intensiva.
Un microclima inesperado
Investigaciones recientes revelan que el reflejo del plástico ha modificado la radiación solar en la zona, generando un microclima de enfriamiento. Mientras la temperatura media en España aumentó unos 2 °C, en Almería se registran ligeros descensos, un fenómeno directamente vinculado al “mar de plástico”.
Este efecto ha convertido a la región en un laboratorio natural para estudiar la interacción entre agricultura intensiva y cambio climático.

El lado oscuro: plásticos y patógenos
Dos estudios liderados por la Universidad Autónoma de Madrid advierten que los plásticos agrícolas abandonados no son simples residuos inertes:
- Funcionan como reservorios de bacterias resistentes a antibióticos.
- Forman biopelículas a partir de aguas de riego y fertilizantes con trazas de antibióticos.
- Favorecen la propagación de superbacterias que pueden dispersarse por viento, agua y fauna.
En la costa cercana, se recogieron 1.397 fragmentos de plástico coincidentes con materiales agrícolas locales, todos con presencia de microorganismos patógenos.
Riesgo global para la salud pública
La OMS considera la resistencia a los antibióticos una de las mayores amenazas sanitarias del siglo XXI. Hasta ahora, el foco estaba en hospitales y ganadería intensiva, pero los plásticos agrícolas de Almería abren un nuevo frente:
- Reservorios móviles de bacterias resistentes.
- Dispersión hacia ecosistemas protegidos y cadenas tróficas.
- Potencial impacto en la producción de alimentos y en la salud humana.
Este hallazgo obliga a repensar la gestión de residuos plásticos en la agricultura intensiva y a diseñar políticas que reduzcan su dispersión en el medio ambiente.
El “mar de plástico” de Almería es un ejemplo de cómo la innovación agrícola puede transformar un territorio y generar beneficios productivos, pero también plantea retos ambientales y sanitarios de alcance global.
Lo que comenzó como una solución para proteger cultivos se ha convertido en un fenómeno visible desde el espacio, capaz de modificar el clima local y, al mismo tiempo, de incubar riesgos invisibles para la salud pública.



