La llegada de la floración trae consigo desafíos cruciales para la apicultura, que impactan más allá de la producción de miel. La polinización de cultivos como frutales y hortalizas depende en gran medida de colmenas saludables, afectando directamente nuestra dieta diaria.
Un reciente estudio de la Universidad de California en Riverside ha puesto de manifiesto un descubrimiento fascinante: una población de abejas híbridas que muestra resistencia al devastador ácaro Varroa destructor.
Este hallazgo, publicado el 27 de marzo de 2026 en Scientific Reports, revela una menor carga de ácaros en estas abejas, lo que se observa incluso en su etapa larvaria.
El reporte anual de apicultura en Estados Unidos para 2024-2025 documenta la pérdida más alta de colonias desde que se realizan estos sondeos: un alarmante 55,6%.
La Honey Bee Health Coalition reporta una pérdida del 62% en la apicultura comercial, lo que traduce en un impacto económico de más de 600 millones de dólares.
El Varroa destructor no acaba con las colonias de manera súbita, pero sí las debilita progresivamente. Este parásito consume el “cuerpo graso” de las abejas, afectando su capacidad de almacenamiento energético y su sistema inmune, lo que lleva a una mayor vulnerabilidad y menor longevidad.
En el sur de California, una población de Apis mellifera parece romper con el molde convencional, mostrando una resistencia intrigante.
Estas abejas, provenientes de colonias ferales y con una mezcla genética diversa, han sido estudiadas en 236 colonias entre 2019 y 2022, comparando reinas híbridas locales con reinas comerciales.
Los resultados son prometedores: las colonias con reinas híbridas locales mostraron un 68% menos de ácaros y una menor necesidad de intervenciones químicas. A pesar de que el parásito sigue presente, estas abejas soportan mejor la presión.
Se realizaron pruebas en laboratorio para entender por qué los ácaros parecen menos atraídos por las larvas de estas abejas híbridas.
La autora principal, Genesis Chong-Echavez, destacó que esta diferencia se nota desde la etapa larvaria, sugiriendo que podrían existir señales químicas o rasgos genéticos que desencadenan esta resistencia.
El descubrimiento abre la puerta a la posibilidad de integrar estos rasgos en programas de cría, sin comprometer la productividad.
Como recuerda Boris Baer, coautor del estudio, las observaciones en el campo fueron cruciales para dar inicio a esta investigación.
Para los lectores, esto se traduce en una simple acción: cuidar las abejas con flores variadas y reducir el uso de pesticidas en nuestros entornos cotidianos puede marcar la diferencia. El estudio completo está disponible en Nature.



