El glaciar Perito Moreno, un ícono de la Patagonia, está perdiendo hielo a un ritmo preocupante. Un equipo de investigadores de la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Magallanes ha documentado más de 1.200 fracturas en tan solo 45 días, utilizando una innovadora combinación de sismómetros, cámaras de intervalo y datos satelitales.
El alarmante incremento de fracturas en el glaciar
Lo más destacable de este estudio es que las fracturas no se distribuyen al azar, sino que se concentran en áreas donde el hielo es más propenso a deformarse y moverse rápidamente. Este fenómeno sugiere que el Perito Moreno no solo está crujido, sino también señalando puntos de ruptura potenciales.
Un desprendimiento de hielo puede parecer un evento aislado, pero en realidad representa un proceso complejo de vibraciones y fracturas constantes, imperceptibles para el ojo humano. Según el sismólogo Leoncio Cabrera, detrás del aparente silencio del glaciar, cae más hielo del que se puede observar a simple vista.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico sincronizó registros sísmicos con imágenes tomadas desde el 24 de noviembre hasta el 31 de diciembre de 2018. Esta metodología permitió crear un catálogo detallado de 1.230 eventos de desprendimiento, similar a identificar una canción a partir de unos pocos segundos de sonido.
Los hallazgos revelan que las caídas de hielo se agrupan en dos áreas clave del glaciar, donde la forma y el movimiento del hielo aumentan la inestabilidad. No todas las partes del glaciar soportan la misma tensión, y algunas zonas son más propensas a fracturas debido a su movimiento y deformación.
Si bien no podemos predecir con exactitud cuándo ocurrirá cada desprendimiento, este sistema permite mapear con mayor precisión las zonas más activas del glaciar. Esta información es crucial para comprender cómo el Perito Moreno y otros glaciares responden al cambio climático.
El uso de sismómetros es especialmente ventajoso porque estos dispositivos pueden registrar vibraciones independientemente del clima o la hora del día. Cabrera explica que estos instrumentos permiten “sentir” el glaciar en tiempo real, funcionando como un estetoscopio sobre el hielo.
Esta técnica de observación proporciona datos continuos, complementando así las limitaciones de los satélites que dependen de condiciones de visibilidad. Sin embargo, es importante notar que los datos analizados corresponden a 2018, por lo que no deben tomarse como una representación constante de todos los años.
El enfoque innovador de este estudio abre nuevas posibilidades para monitorear glaciares de manera más precisa y constante. La criosismología, que se basa en señales sísmicas, promete ser una herramienta clave para entender mejor los entornos fríos y de difícil acceso.
La majestuosa ruptura de grandes bloques de hielo del Perito Moreno seguirá siendo un espectáculo fascinante. No obstante, el verdadero relato está en las pequeñas señales que los sensores han logrado capturar, indicando la necesidad de monitorear constantemente estos importantes ecosistemas helados.



